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miércoles, 6 de diciembre de 2023

Ironman 70.3 Cartagena 2023 #LastDance

 

Repasando vídeos, fotos y mensajes para comenzar a escribir este blog con una alegría enorme por el resultado del fin de semana, pero especialmente por todas las personas que me apoyan, que se emocionan por mí y que me dicen que las inspiro, esto último no esperaba lograrlo, gracias a estos 3 últimos años me reconcilié con mi amor de toda la vida, han sido maravillosos y me permitieron poder, hoy, despedirme con una sonrisa.

Al escribir esto se me aguan los ojos: conocí el tri a los 8 años y lo he amado y odiado, lo he vivido desde adentro y desde la barrera, lo he disfrutado y también lo he sufrido, he gozado con los triunfos y he batallado con las derrotas, que han sido muchas más, he tenido tuzas (casi todas como entrenador) y he intentado con el ejemplo inspirar, especialmente, a mis hijas, para que hagan del deporte una parte de sus vidas, sea cual sea el deporte que escojan y el nivel en que lo practiquen.

Faltaría a la verdad si dijera que volví por ellas o por otros, realmente regrese al triatlón por mí; hace 9 años le dije adiós, quedándome con una carga emocional enorme, me retire como nunca lo había hecho, en medio del Ironman de Cozumel terminé mi carrera profesional a los 60 km. de la bici, refugiándome en la ducha de mi casa (en ese momento vivía en la isla) y lloré, lloré por lo que no había sido, en ese momento no entendía que había pasado, sólo que llevaba varios meses batallando para salir de la casa a entrenar, cuando corría se me paraban las piernas y tenía que regresar caminando; años más tarde aprendí que no escuche a mi cuerpo, creyendo que por hacer más obtendría lo que soñaba, cuando debía estar haciendo menos y, finalmente, había cavado mi propia tumba deportiva.

Durante ese periodo de transición de profesional a entrenador a tiempo completo, paulatinamente, fui dándole una nueva oportunidad al deporte, ya lo he contado en otros blogs, sin embargo, para quienes no lo saben, la pandemia me dio una nueva oportunidad y fue la excusa para regresar a entrenar estructuradamente, requiriendo organización, sacrificar tiempo familiar y laboral y poniendo en el cuerpo horas de entrenamiento.

En ese momento no tenía un objetivo claro, sólo volver a competir de nuevo: ¿qué podría pasar? me inscribí al 70.3 de Cartagena de 2021 y como dicen por ahí: el resto es historia, pude cumplir con el sueño de competir en Kona, gané algunas carreras y me acerqué a mis tiempos de profesional.

Ahora la pregunta se transformó en ¿hasta cuándo?, nunca he sabido la respuesta a esa pregunta, pero tampoco quería que fuera indefinido, ya no vivo de mis piernas, sino de mi trabajo como entrenador, que es una de mis pasiones, especialmente quiero usar lo que sé y toda la experiencia que tengo para llevar a una nueva generación de atletas jóvenes hacia el alto rendimiento y esto requiere tiempo, mucho tiempo, a un niño no le puedes únicamente mandar un plan, hay que estar en el día a día, educarlo como atleta y como persona.

Sin embargo, el problema con los programas de desarrollo, es que, en Colombia, especialmente en Bogotá, es muy costoso, por dar un ejemplo: sólo tener un espacio para nadar todos los días, se puede llevar el doble de una mensualidad, por lo que la mayoría de clubes prefiere centrarse en los adultos.

Así, uno de los retos que tengo en mente y uno de los proyectos (el otro, va a requerir un poco más de tiempo y no depende únicamente de mí, sino del factor económico) que me trasnocha y me obliga a hacer un alto en el camino, para buscar soluciones o alternativas que me permitan consolidar un grupo de atletas a quienes guiar en este largo proceso, apoyándolos con todo lo que este sueño requiere, sin que esto signifique que dejaré de entrenar, simplemente el foco será otro, más bien utilizaré el deporte, especialmente este que tanto que tanto amo, para oxigenar la mente y el cuerpo y si se me atraviesa un reto por ahí, hacerlo sin presiones.

Desde ahora sé que no será fácil el día que abran las inscripciones de Cartagena 2024 y no me inscriba.

Bueno, vamos ahora sí, con el resumen de carrera:

Este año fue largo, cometí el error de iniciar muy temprano, solo descansé una semana, para seguirle el paso a los junior y élites que comenzaban su preparación hacia Juegos Nacionales y ya a mitad de año, sentía que no era fácil mantener la intensidad hasta diciembre.

A diferencia de otros años solo hice una pequeña adaptación al calor la semana previa a la carrera y, desafortunadamente, llegué con una gripa que me duro hasta el viernes, nada grave, pero me preocupo en su momento.

La noche previa a la carrera dormí bien, me levanté a las 3:30 am comí algo pequeño, corrí mis típicos 10 minutos, volví a desayunar, al baño y terminar de organizar las cosas para la carrera.

Ya en el muelle para la salida, con el permiso de muchos, logré llegar al “corral” de 25 minutos y salir de primero.

Salimos muy puntuales a las 6:15 am, arranqué fuerte y en la primera boya, error mío por seguir las indicaciones del locutor y no tener presente que era en las boyas rojas (las segundas) gire a la izquierda, rápidamente fui alertado de mi equivocación, rectifiqué y llegué de primero a las boyas de giro, voltee y el sol, como esperaba, pegó con fuerza, no se podía ver, entonces busque un punto de referencia externo y me guie por los edificios en el horizonte, ya que el resplandor del sol era enceguecedor y no había kayak guía.

A los 400 m. sentí que alguien me tocaba los pies, a lo que pensé, voy muy lento, me están alcanzando y recordé que Daniel Ortega, nadador del equipo de relevo de Garmin, había salido unos segundos detrás, un alivio pues creía que había llegado ayuda. Daniel se iguala a mi paso, pero durante 100 m. se mantiene al lado, a lo que decido apretar, para que el paso no se caiga. Finalmente, la boya de giro, volteo y veo la boya naranja al otro lado, ahora se puede ver y es cuestión de mantener el rumbo, lastimosamente, ese fue mi segundo error, esa no era la boya y solo me doy cuenta cuando una moto acuática me avisa y tengo que retornar a la boya correcta, preciosos segundos que perdí e hice perder a quienes me seguían a la distancia.

El último tramo apreté un poco más hasta salir del agua en primer lugar, seguido de Daniel, que rápidamente me sobrepasa en la corrida a la zona de transición. Hago una transición rápida y salgo a unos segundos del relevo, que me deja en los primeros metros, mientras me pongo las zapatillas, de allí en adelante, de nuevo solo, como en años anteriores, ni una moto de compañía, a excepción de las que venían en contravía.

Hasta los 20 km. todo en orden cuando el potenciómetro no quiso funcionar más, venía fallando, pero siempre se arreglaba para las carreras, pero esta vez ya no dió y me quedé a punta de sensaciones, iba marcado entre 260 y 290 vatios, que era el objetivo, por lo que traté de mantener esa sensación y el pulso por encima de 150, sin olvidarme de tomar y comer, plan que logré cumplir con 2 botellas de Isocarb de 60 gr., 1 de hidratante de 30 gr. 3 geles isotónicos de cafeína de 20 gr. y 1 liquid gel de 30 gr. Es decir, unos 100 gr. de carbohidratos y un litro por hora.

Para quienes han competido en Cartagena saben que el único punto de referencia es en el giro a los 45 km. (anteriormente a los 44 km.), y para quien va liderando es, finalmente, la oportunidad de tener noticias de lo que esta pasando atrás, aunque no de forma fiable, pues con el sistema de Rolling star (en natación arrancan 3 atletas cada 3 segundos), es imposible saber a que hora arrancaron los demás.  

Según mis cuentas estaban entre 3 a 4 minutos atrás un ciclista de colores (Emmanuel de Argentina), a quien confundí con Nicolás Uribe, luego el de verde (que si era Nicolás), y los demás, Espitia, Echeverry, Zapata, iban un poco más atrás de lo esperado. Me sentía fuerte y que podía mantener el paso, aunque el viento estaba más fuerte que el año pasado, mis parciales salían más rápido y me daban confianza en lograr la victoria. Era cuestión de no perder la concentración, ir solo liderando sin referencias, no es tarea fácil, se puede caer en un paso cómodo o pensar de más sobre si atrás vienen guardando la distancia o no.  

Transición sin problemas y la ansiedad de escuchar las diferencias, el primero que me las da con palabras de ánimo, es Víctor Hugo Peña, ¡de lujo!, me dice que 4 minutos, pero al regresar del primer giro, Nicolás y Emmanuel ya están corriendo, quiere decir que están a dos minutos físicamente y no se a cuánto realmente, pues a Emmanuel lo había visto al inicio de la natación, pero no a Nicolás.

A los 3 km. Jineth y Eduardo me comenzaron a dar parciales reales que no lograba entender, pero lo que era claro es que no iba liderando, Nicolás había salido unos 4 minutos después y estaba perdiendo con él unos 2 minutos, y no sabía si Emmanuel iba adelante o atrás.

La primera vuelta de atletismo apreté para descontar rápidamente la diferencia con Nicolás, pasando de largo un par de estaciones de agua y sin poder tomar nada del público, el calor, que siempre ha sido mi aliado, me comenzó a pasar factura, el paso se iba subiendo ligeramente y Emmanuel me venía descontando en cada parcial, había arrancado con 1:41 sobre él y en la primera vuelta estaba a 1:10, mientras Nicolás estaba a 13 segundos, pero las sensaciones no eran buenas, el paso se subía y el tiempo se hacía eterno, me tomaba los geles esperando un shot de energía, pero este no llegaba, los pensamientos negativos rondaban y trataba de alejarlos con el ánimo del público.

Al kilómetro 13, Nicolás iba a 27 segundos y Emmanuel a 38, la diferencia estaba cayendo muy rápido, hasta que en el kilómetro 15 el argentino me dio caza, Eduardo me animaba y durante dos kilómetros aguanté el ritmo, pensando en cuantos segundos debía sacarle si quería ganar. En el 18 ya no pude mantener el paso, cada curva era una aceleración y se comenzó a ir, perdiendo en esos últimos 3 km. cerca de 50 segundos.

Kilómetros que fueron agónicos, pues tampoco sabía si Nicolás iba recortando tiempo, o como yo, iba pasando penas, finalmente, última curva y rumbo a la meta, me acordé de mi promesa de sonreír, en un segundo digerí lo que había pasado y disfruté esos últimos metros, sabiendo que podrían ser los últimos en un evento Ironman. 

Felicidades a todos los participantes, a los pupilos, a sus familias y en especial a Emmanuel y a Nicolás, que me la pusieron difícil durante todo el día.

Hoy quedo a pases con el triatlón, listo para encaminar mi energía en los proyectos que les conté al inicio y de los que espero pronto poder compartirles más detalles, me toca morderme la lengua, porque de verdad es algo que me emociona muchísimo.

Me voy feliz con las muestras de aprecio y cariño y con ganas enormes de darle alegrías a Colombia, ahora a través de mis pupilos.

Gracias por haber llegado hasta aquí, por leerme, por seguirme, alentarme y aquí seguiré viviendo con la misma pasión esto que disfrutamos tanto.  

 

miércoles, 26 de abril de 2023

IRONMAN 70.3 LIMA Y EL ÚLTIMO CASO DE DOPAJE EN TRIATLÓN

 Los planes para 2023 incluyeron Lima, cómo el evento al que viajaría para acompañar al equipo a lograr sus objetivos, me inscribí en enero, con eso en mente, y para mantenerme activo, mientras desarrollaba, a la par, otros proyectos, uno de ellos consumiría mucho tiempo, dinero y energía, pero está tomando más tiempo de lo esperado y que inicie no depende de mí, sino de factores externos, por lo que me dije: “entrenar mientras se pueda de la mejor manera” y así fueron pasando las semanas, se iban acumulando kilómetros y el cuerpo respondía.

El primer test fue el estándar plus de Endurance Challenge en Barranquilla, donde me sentí bien nadando, en bici un poco quedado, promedié 250 vatios y tuve una potencia normalizada de 264 en los 60 km. y corriendo en control y con tanque para aguantar, promediando un paso de 3:52/km. en los 15 km.

Así, finalmente, llegó la hora del viaje y una vez en Lima los entrenamientos en grupo y la camaradería hicieron que el ambiente se prestará para tener unos días previos sin problemas, poder descansar, comer e hidratar según lo que acostumbro.

El día previo a la carrera nadamos sin wetsuit (por la hora en la que nadamos) y me sentí a gusto, suelto y rápido, sin embargo el día de carrera las condiciones eran distintas e ir con wetsuit fue la decisión, una vez dieron la salida, sentí los hombros apretados por el traje y el trisuit,  se me complico hacer un buen recobro aéreo, aparte de ello, no me lograba ubicar, sentía que el mar me tiraba de lado y me tocaba corregir cada 4 o 5 ciclos de brazada, finalmente salí del agua y vi que el reloj marcaba algo más de 26 minutos, no había sido una buena natación y si quería ser top 10, debía apretar.

En el ciclismo me sentí fuerte desde el inicio, vatios altos y frecuencia cardíaca (FC) controlada, esto ayudado con un asfalto en buenas condiciones y un terreno prácticamente plano. Mi referencia más que la potencia, es tratar de no bajarme de 150 pulsaciones, lo logré en la primera vuelta, en las otras dos por ratos lo conseguía y por ratos me desconcentraba viendo que tan lejos iban los pros. En la primera vuelta promedie 151 pulsaciones, en la segunda 145 y en la tercera 144, en las tres el paso fue similar, a pesar que en la primera moví más vatios, siendo la tercera la más lenta, en cuanto a potencia promedie 260 y la normalizada fue de 268, aún no mi mejor forma, pero si mejorando en relación a Cartagena 2022 y Barranquilla.

Al bajarme a correr, las sensaciones también fueron buenas, me sentía con energía, gracias a que hice la tarea de consumir las 2.5 caramañolas con Isocarb, que son 150 gr. de carbohidratos, además de 2 geles de 30 gr., para un total de 210 gr., promediando, así, 93 gr. por hora.

Los dos primeros kilómetros salieron muy fáciles, tenía la motivación de ir primero en las categorías, con cerca de 3 minutos de diferencia, tiempo que quería aumentar y, haciendo cuentas en la cabeza, iba en la posición 12 de la general, el objetivo, ahora, era mantener el paso por debajo de 3:50/km. y alcanzar físicamente a algunos profesionales.

Presione y presione, para mí es más fácil controlar la intensidad corriendo que sobre la bici y, finalmente, lo logré, pasé a tres profesionales en la segunda vuelta y me ubiqué como el mejor grupo por edad y noveno en la general.

Fue un buen test para The Nariño Challenge, ya que, a diferencia de otras ediciones, el sol se dejó ver en Lima y la temperatura estuvo sobre los 26°C, lo que me continúa llenando de confianza para mantener un buen ritmo en el calor.

Si, se lee rápido, parece que fue cuestión de trámite, pero todos los que hacemos triatlón sabemos que lo más complicado no es la carrera, sino cumplir el día a día, sea un entrenamiento divertido, algo de series o uno monótono y largo, a la final lo que dará resultado no será una sesión mágica, sino la suma de cada una de las sesiones, por improductiva que parezca.

Aprovechando lo corto del blog y la coincidencia con la noticia del caso de dopaje de Collin Chartier, quisiera escribir y dejar mi opinión al respecto: Lo primero es que noticias como estas, que poco se ven en el triatlón, nos recuerdan que el dopaje si existe en este deporte.

Desde siempre he detestado el dopaje o cualquier tipo de trampa en el deporte, me carcome por dentro, saber que hay atletas por ahí que por x o y circunstancia justifican su uso, no lo entiendo y mucho menos comprendo cómo pueden validar para sí mismos sus victorias y, con este último caso, queda comprobado que puede ser cualquiera, el tipo más buena gente, como por ejemplo veía a la distancia a Chartier o el más arrogante, como pudo ser Armstrong.

Desde pequeño escuche rumores acerca del dopaje en triatlón, pasando por entrenadores que se vanagloriaban de lo mucho que aguantaban sus atletas después de una dosis, hasta cuando la misma Federación no aplicó las sanciones correspondientes, a los pocos atletas que daban positivo o eran negligentes en estos procesos, como ocurrió recientemente con un ex triatleta que se pasó a otro deporte y terminó en los olímpicos, sin tener un proceso claro de castigo, no por su culpa, sino por la misma negligencia de la Federación.

En los 90´s e inicios del siglo, los triatletas en Colombia eran vistos como tramposos por practicantes de otros deportes como la natación, el triatlón era muy cercano al ciclismo y al patinaje y, lamentablemente, algunos cayeron es este tipo de prácticas, pero era un tema del que varios atletas y entrenadores hablaban abiertamente; por la misma época en las bicicleterías ofrecían abiertamente supuestos productos milagrosos o la famosa pichicata, esos años fueron frustrantes para mí, fue el momento en el que decidí alejarme del tri por un par de años (esa no fue la única causa) y enfocarme en la natación, finalmente regresé pero con una idea en la cabeza: Puede que nunca gane, pero seré mi mejor versión y, si esta versión no es lo suficientemente buena, la aceptaré y celebraré porque es mi 100%, mi propia victoria.

Por denunciar me he ganado enemigos, insultos, demandas y hasta golpes me han dado, pero es un tema que de verdad me lastima, sin embargo, con un poco más de madurez, serenidad y con dos niñas a cargo, he venido entendiendo que, en Colombia, para muchos, el todo vale esta incrustado en el subconsciente, lo cual duele, pero, aun así, he preferido creer en mis capacidades como entrenador para sacar lo mejor de cada atleta, entendiendo que el camino en el rendimiento es durísimo y no es para todos.

Todo esto, también, gracias a la oportunidad que tuve de haber sido parte de un equipo profesional, viendo, de primera mano, cómo entrenaban campeones mundiales de Ironman y medallistas olímpicos, eran entrenamientos brutales, largos y monótonos, que se repetían semana a semana, al mismo tiempo veía como otros muchos, como yo, llegaban, se quemaban y no aguantaban el ritmo, dejándome de enseñanza que la disciplina y el talento, también, son componentes del entrenamiento, tienen que existir para que este tipo de planes funcionen, así que romantizar que sólo con disciplina se triunfa o sólo porque lo soñé lo voy a lograr, no es del todo cierto, no todos nacemos para ser campeones mundiales, pero si para desarrollar todo nuestro potencial.

Resulta paradójico, pero revelar esta gran verdad a varios pupilos ha sido un choque, hablarles claro de lo que necesitan poner en juego, el entrenamiento y los sacrificios que deben asumir los ha colocado en situaciones incómodas, que los ha molestado y, los entiendo, no es fácil. Hoy en día pasa con los noruegos, todos quieren ser como ellos, pero nadie quiere renunciar a su vida social, a tener novi@, a tener que vivir de campamento en campamento (sin lujos ni una vida glamurosa), a pasar de una sesión a otra como un robot, pero si quieren la gloria y el reconocimiento.

Con todo esto lo que quiero dejar en claro es que no está bien señalar a nadie sin las pruebas correspondientes, sólo porque no somos capaces de entrenar o vivir de la forma que ellos lo hacen o, simplemente, no tenemos el talento físico que ellos tienen, pero tampoco está bien doparse, ni justificar el dopaje porque “todos lo hacen”.

El doping es el acto más egoísta que existe, quien lo hace no valora a sus competidores, sólo le importa su bienestar y su victoria a toda costa, no le interesa arrebatarle el triunfo a alguien que pudo haber pasado por crisis, depresiones, accidentes o lesiones, pero se levantó una y otra vez y se hizo más fuerte para seguir luchando con sus propios medios.

La victoria no puede ser el único fin del deporte, el deporte es formativo, debe educar en valores y, el deporte de rendimiento, a pesar de ser despiadado y cargar con una gran sombra de trampa, tiene que inspirar al ser humano a romper sus límites.

El positivo de Chartier, finalmente, me parece positivo, valga la redundancia, hablando de un deporte que no tiene muchos casos de dopaje conocidos, porque quiere decir que existe algún tipo de control, que aún es mínimo y permite salirse con la suya a muchos.

Hoy frente a una pantalla y queriendo obviar estas noticias, espero con ansías las grandes del ciclismo y todos los eventos deportivos, siendo ingenuo y pensando que todo es posible lograrlo de forma ¨natural¨, a punta de esfuerzo, disciplina, una dosis de talento, sacrificio y entrenamiento, que esa es la única fórmula.

 

jueves, 15 de diciembre de 2022

CARTAGENA 2022: ME ALCANCE A METER A LA FIESTA


La previa al Ironman 70.3 Cartagena estuvo llena de suspenso, no fue que se me ocurriera competir a última hora, al iniciar el año y planearlo, Cartagena estaba incluida en el calendario, pues previo a la apertura de inscripciones una de las marcas patrocinadoras del evento me ofreció la entrada a esta y otras carreras, sin embargo una vez se cerraron las inscripciones me informaron que no había sido seleccionado; en el momento no le día mayor importancia y el tiempo pasó sin que hiciera mayor cosa por la inscripción, pues el gran foco del año era Kona.

A mitad de año me ofrecieron, por parte de la organización, una entrada, si promocionaba un evento, al instante dije que sí, pero apenas terminé la llamada y le conté a mi esposa, me hizo caer en cuenta que tenía un evento esa semana y que serían dos viajes muy cercanos, en el mes previo a Kona, por lo que desistí de la entrada al siguiente día.

Al llegar del mundial y sintiéndome en buena forma para llegar a Cartagena me puse intenso con la consecución del cupo: con patrocinadores del evento, Federación, operadores, pero durante 3 semanas ninguna puerta se abrió, aún cuando recibí miles de mensajes, todos con muy buenas intenciones, donde me cedían o vendían sus inscripciones por diferentes motivos: desde lesiones, embarazos, accidentes e incluso de fallecimientos me enteré, sin embargo la política del evento no permitía ni cambiarlo de año, ni de nombre.

El año siguió pasando y aún sin inscripción, continué entrenando sin perder la esperanza, baje un poco las cargas, dirigí con Tempo y TNC el TriCamp y espere, hasta que, finalmente recibí una llamada de Daniela de Powerade, quien me dio la buena noticia: tendría un cupo en la carrera y con un poco menos de 4 semanas para el Ironman 70.3, fue momento de replantear el entrenamiento e intentar llegar en la mejor forma a la línea de salida, aunque no dejaban de cruzarse por mi cabeza muchas preguntas: ¿ es buena idea empujar tanto por algo ante tanta negativa? ¿será que el de arriba me está tratando de cuidar de algo?

Finalmente, a Cartagena viaje con mi esposa, Jineth, dejamos a las niñas con los abuelos, prometiéndoles un par de días de sol a nuestro regreso, aunque ya en la heroica, fue imposible no sentir nostalgia y vacío al no tenerlas al lado, aunque su energía logró viajar kilómetros en un video que la mayor (Martina) nos envió, me llenó de sentimiento y motivación para la carrera.

Para no alargar la historia, ese día me ubique en la primera línea de salida y faltando 5 minutos, se nos acercó Tony Lugo, el animador del Ironman, quien nos dijo: “pongan atención, porque si ustedes se pierden, 1800 se van a perder” y nos dio las indicaciones de último minuto de la natación, en ese momento me preguntaba: ¿será que no leí bien la guía del atleta?, no recuerdo que la natación tuviera esos giros.

6:25 am, 10 minutos después de la hora estipulada, dieron la partida, a los 50 m. ya me había alcanzado Juan Manuel Morales, del relevo ganador, medallista de oro en Juegos Suramericanos en 10 km. aguas abiertas y recordista nacional, y sus títulos se sintieron, ni 25 m. pude aguantar a sus pies. Luego de zigzaguear los primeros 200 m. para cumplir con el recorrido, se comienza a nadar en contra del sol, al principio podía ver a Morales a la distancia y tenía una referencia, pero luego, sin kayak acompañante ni guía, tuve que parar en varias ocasiones, levantarme las gafas y revisar si estaba siguiendo el recorrido, hasta que pude fijar un edificio como punto de referencia para nadar derecho. En el regreso fue más tranquilo, hasta los últimos 300 m. cuando el recorrido se vuelve confuso, ya que, en las indicaciones previas, nos habían dicho que solo había un giro a la izquierda, al inicio, pero no era así, tocaba salir de la línea en que veníamos nadando, girar a la derecha y luego en la boya a la izquierda, para buscar, literalmente buscar, la salida, que apenas tenía un par de banderines azules, difíciles de identificar porque se confundían con el fondo.

Salí del agua sobre los 25 minutos y que sensación tan increíble escuchar los gritos y la barra en el camino hacia la transición (recomendación para la organización: no sobra un tapete en este trayecto, para evitar las caídas), tomé la bici y salí disparado hacia la calle, cuando de frente me encontré con un juez extranjero quien me comienza a hacer señas y se me cruza en el camino, trato de esquivarlo, pero él sujeta y hala mi manubrio, quitándome el punto de apoyo y mandándome contra la valla, en ese momento todo es confusión, me grita que el número, le muestro el de la bicicleta y como puedo sigo mi camino, hasta que escucho “helmet number”, caigo en cuenta que el visor del casco esta arriba y tapa parte del número, miro hacia el juez, retiro el visor del casco, le hago señas que el número está allí y continuo.

Los primeros kilómetros fueron una mezcla de incertidumbre y rabia, pensaba en lo que había sucedido, si de alguna forma había cortado el recorrido y me iban a descalificar o si cuando llegara a la T1 me iban a penalizar por la reacción que tuve, quería preguntarle a alguien si todo estaba bien, pero al igual que en la natación iba absolutamente solo, ni un juez, ni un policía, todos estaban con el “líder” de la carrera, el relevo. Al pasar por las primeras dos estaciones los voluntarios no estaban listos y a pesar de avisarles, al pasar por el frente de las estaciones no pude recibir nada de nada.

En el kilómetro 35 llegó una moto de prensa a quienes les pedí me acompañaran hasta la siguiente estación de abastecimiento, porque ya necesitaba recargar, ellos amablemente me siguieron y avisaron en la estación de abastecimiento. Al girar, tome referencias y tenía sobre David Zapata, que había comenzado la natación conmigo, cerca de 3 minutos, así que me enfoque en no relajarme de vuelta, ya que, con el viento a favor, es más fácil caer en la trampa de no empujar y siempre será complicado mantenerse motivado yendo solo por más de 2 horas.

Lo que más añoraba era terminar el ciclismo, no tener ningún desperfecto mecánico y correr por la mágica ciudad amurallada, abarrotada de gente y de gritos, el trote puede ser lo más duro, pero el tener estas condiciones de fiesta, es espectacular y es lo que me hizo insistir en correr de nuevo en Cartagena, esa atmósfera es única y como dice el comercial, te da alas.

El trote me lo goce de principio a fin, era la disciplina en la que más me tenía confianza, a pesar que en las últimas semanas no estaba haciendo los mejores tiempos, cuando podía chocaba las manos de quienes las extendían a mi paso, sonreía y aceleraba en cada curva. Uno de los objetivos era bajar de las 4 horas, en el reloj solo llevaba el tiempo del parcial, no del total, hasta que, faltando 2 kilómetros, revisé el tiempo y no iba a cumplir con este, ya no había ningún afán sino disfrutar, mantener el paso y llegar a meta.


Para quienes gustan de los números, estos son los de mi reloj, no de la aplicación: en natación en 2021 nade a un paso de 1:20 y este año en 1:22, en entrenamiento me sentía mucho más fuerte que el año pasado y había tenido la oportunidad de nadar más, pero la confusión en el recorrido y las paradas, hicieron mella. En el ciclismo me demoré 4 minutos más, en 2021 las condiciones fueron muy favorables, de ida el viento fue mínimo y de regreso ayudo, mientras que este año, los primeros 20 km. el viento fue más fuerte, y aunque el regreso fue más rápido, no alcanzaba a compensar. En 2021 mi pulso promedio fue 148 y la potencia normalizada 276, mientras que, en 2022, fue el mismo pulso con una potencia normalizada de 255, pero desde que arreglé el potenciómetro, hace un par de meses, está marcando cerca de un 5 a 7% menos que antes, comparando con el simulador, al parecer ahora si está bien calibrado y, con esa diferencia, sería muy similar a 2021. En el trote me subí 55 segundos y el pulso promedio paso de 156 a 158, pero me sentí con más fondo y en mayor control.

Esta comparación para decirles que no se maten la cabeza con los números, las condiciones nunca serán las mismas, calor, viento, motivación, entrenamiento, sino que disfruten del proceso y de la carrera, en mi caso en 2021, tuve un bloque de 9 semanas entre el Ironman de Texas y Cartagena, y esta vez fueron 8 semanas, en 2021 al tener la certeza que iba a competir, la programación fue más acorde que en el presente año.

En cuanto a 2023, tengo varios objetivos laborales y el camino comienza a tener algo de claridad, una de las opciones ya no la veo viable, pues desde el 8 de noviembre presenté un proyecto para el desarrollo del triatlón colombiano, que contiene 10 ejes y el cual quería exponer, pero la Federación no ha abierto el espacio para hacerlo, a pesar de la insistencia. El otro objetivo es continuar con el proyecto de desarrollo de Tempo, que en resumen es crear un equipo infantil y juvenil de triatlón, para que se destaquen a nivel nacional y lleguen al rendimiento, así que, si sus hijos, sobrinos, familiares o amigos están interesados, no duden en llamarme. De la mano hay otros objetivos más ambiciosos, pero como cábala prefiero trabajar en silencio y cuando sea el momento darlos a conocer.

Como atleta aficionado aún no he organizado el calendario de competencias, posiblemente competiré el 70.3 de Lima y algunas carreras del calendario nacional.

Para terminar este blog quiero aprovechar para agradecerle a todos quienes me siguen, estoy demasiado agradecido por tomarse el tiempo de leer mis historias, por los mensajes, llamadas y palabras de la comunidad del triatlón colombiano en cada uno de los eventos que participe este año y en los entrenamientos, donde varias veces me cruce con muchos de ustedes y nunca les faltaron palabras para alentarme y animarme, mi retribución por todo su cariño será continuar trabajando por el desarrollo del triatlón colombiano, desde la esquina en la que me encuentre, con todo el amor y la pasión que tengo por este deporte.

Gracias también a mi familia por disfrutar a mi lado del deporte.

Hasta la próxima y ojalá en 2023 los profesionales tengan cabida en Cartagena, ya que es la vitrina más grande que tienen los atletas colombianos para conseguir algún tipo de patrocinio y espero que no sigan desapareciendo las pruebas con premiación en efectivo del calendario nacional.  

A todos feliz descanso, disfruten las fiestas….

Feliz navidad y que 2023 esté lleno de metas por trabajar y cumplir.



martes, 26 de julio de 2022

IRONMAN 70.3 ECUADOR: A LA CAZA

 


Cuando me inscribí a Manta tenía varios objetivos en mente: conocer en persona a mis pupilos ecuatorianos, dirigir el campamento de entrenamiento en Guayaquil y, por último, continuar la preparación con rumbo a Kona, pero al confirmar que habría profesionales, surgió uno más: saber que tan cerca estoy de los PRO.

Los primeros dos objetivos se cumplieron, sin contratiempos, en Guayaquil con el desarrollo del campamento y los otros se debieron aplazar dos semanas, a causa del paro que estaba viviendo Ecuador, afortunadamente este finalizó, pero en el intermedio debí regresar a Colombia y viajar, nuevamente, pero esta vez sin mi familia.

Siempre he dicho que la carrera de los grupos por edad y los PRO es diferente, en la carrera de los profesionales se arranca como si fuera un evento sprint, en ciclismo la regla del drafting es más estricta y la distancia entre competidores es entre 12 a 20 m., dependiendo del evento, versus los 10 m. de los grupos por edad, además la dinámica del ciclismo es diferente, no es un paso constante, sino que hay ataques y cambios de ritmo, mientras que la carrera a pie es muy similar en ambas clasificaciones.

Por estas razones nunca me ha gustado comparar ambas competencias en una clasificación, con eso en mente, decidí ubicarme de primero en la salida de natación y tratar de hacer la carrera en solitario.

Esperando que iniciara el evento, veía en primera fila como los profesionales se alistaban, mientras  mi mente me transportaba a esos años en los que estaba allí, en primera fila, en los nervios y adrenalina que se sentía y alcance a sentir nostalgia, por lo que sólo quería que dieran la largada, que pasaran rápido esos 10 minutos (la diferencia entre la salida de los PRO y los AG) y tratar de dar cazar, por lo menos a un par de ellos, no sería fácil, pero sí posible, pues siendo mi fortaleza la natación, de seguro saldría solo, haría un buen descuento, y de ahí en adelante continuaría la persecución.

Dieron la salida, me precipité al agua, fui entrando en ritmo y mantuve la sensación de esfuerzo durante toda la natación, a pesar que el parcial del reloj de cada 500 m. marcaba un paso de 1:21/100 m., algo que no estaba en mis cálculos, pero sabía que podría haber una corriente en contra imperceptible o que el GPS marcara mal, así, la mejor estrategia era confiar en mi esfuerzo. Llegando a la playa, vi un gorro naranja, que identificaba a los grupos por edad, adelante mío, lo que me sorprendió, pero al acercarme me di cuenta que era Palmira Álvarez, la única profesional que estaba compitiendo, y que el gorro era rosado, lo que me animó, pues esperaba pasarla hasta los primeros kilómetros del ciclismo.

Los días previos me habían repetido una y otra vez que la vía no era la misma de hace unos años, aunque era la misma ruta, había caído en el olvido del Gobierno y estaba rota, sin más reparos salí a rodar y los primeros kilómetros no me parecieron tan malos, a lo que pensé “en Ecuador están acostumbrados a tener muy buenas vías, lo que pasa es que no conocen las de Colombia”, pero a los pocos kilómetros, me choqué de frente con la realidad, una vía dejada, pedregosa, llena de huecos y resaltos, que ponían en peligro a los ciclistas en las bajadas e incomodaban en las subidas.

Al kilómetro 35 ya había perdido un gel, la maleta de la comida (me tocó meter los geles en los bolsillos), un porta caramañolas y la bici parecía que se fuera a desarmar.

Afortunadamente esos siguientes 10 km., hasta el giro de retorno, estaban en condiciones aceptables y logré aumentar la intensidad de nuevo y, llegando al retorno pude calcular la diferencia que tenía con los profesionales, los 5 primeros me habían aumentado y los demás iban relativamente a la misma distancia, mientras quienes me perseguían no venían lejos, un grupo de 3, a casi 5 minutos, que podían ser más o menos, pues no sabía la hora a la que habían partido.

Retorne y aumenté el ritmo, aprovechando que era la única parte en la que se podía pedalear constante, al ingresar nuevamente al segmento de carretera destruida, la cabeza comenzó a jugar una mala pasada, diciéndome que no era necesario seguir arriesgando en las bajadas, así, me comencé a relajar y los últimos 10 km. los hice a sensaciones, ya que el Garmin de la bicicleta no aguantó más y se soltó; todo esto se vio reflejado en los tiempos, de ida hice 1:09 con un promedio de 269 vatios y 281 de normalizada con 145 pulsaciones de promedio y el regreso hice casi 1:14 con 252 de promedio, 264 de normalizada y un pulso de 141.

El pulso fue el claro indicador que no había ido a la intensidad que debía competir, para poner un ejemplo en Nariño monté a 271 vatios, 279 de normalizada y un promedio de 151 pulsaciones.

Con estos números perdí tiempo con los profesionales y con el grupo persecutor, que me descontó 4 minutos y, de no ser porque arranque de primero, me hubieran alcanzado, no lo sabía, pero ya no era el líder de las categorías.

Bajándome con las piernas más frescas de lo usual, me propuse hacer un buen parcial y cumplir con el objetivo de alcanzar a algunos de los profesionales, entre ellos a Eduardo, que según mis cuentas estaba a 5 minutos y se veía bien. El primer kilómetro salió en 3:43 y en la primera vuelta, de dos, no subió de 3:45, me sentía increíble y parecía que era el que mejor estaba corriendo en ese momento. Al finalizar la vuelta alcance a dos profesionales y más adelante a Eduardo, a quien animé y continúe con mi paso y propósito. 

Faltando 6 kilómetros, alcancé a dos profesionales ecuatorianos y, uno de ellos, Giovanny Mármol, se me hizo al lado durante los siguientes 4 kilómetros, se convirtió en un cabeza a cabeza, lo que me ayudó a que el ritmo no se subiera, hasta que, finalmente, pude dejarlo atrás y llegar en sexta posición, pero descontando los 10 minutos a los que partí, me ubique en quinto lugar de la general y primero de las categorías.

Viene la pregunta: ¿Qué tan lejos de los PRO estoy? En natación estuve a 18 segundos del mejor nadador, Andy Potts, que a diferencia mía no llevaba wetsuit, pero tenían la ventaja de ir en grupo, tengo la confianza que aún podría salir en el lote de punta. En ciclismo la pérdida de tiempo fue demasiado grande, 16 minutos con Potts y 10 minutos con el segundo, tercero y cuarto, creo que concentrado y con alguien de referencia, podría estar cerca de los 8 minutos, pues la ruta fue igual para todos. Corriendo hice un tiempo muy bueno, superando a Potts, que ya tenía controlada la carrera y puede que no haya apretado al máximo, el único que me superó fue Kevin Collington, quien corrió 4 minutos mejor. Al final perdí menos de 16 minutos con el primero y estuve a 10:42 de pódium, entendiendo que no fue una carrera con los mejores profesionales del circuito, a excepción de los dos primeros y, que varios de los profesionales en competencia, son élites de distancia olímpica.

Quedé muy contento con la preparación que llevo para Kona, sin tantos kilómetros en el trote, me encuentro en la mejor forma del año; en natación el trabajo es acertado y el énfasis ahora será el ciclismo, cuidando el balance para no perder en el trote.

Viene el último bloque de entrenamiento, en el que pretendo aumentar el volumen en ciclismo y carrera, mantener la natación y hacer un par de campamentos de entrenamiento en calor, para llegar a Kona con la tarea hecha y cumplir con este sueño aplazado.

En cuanto a lo laboral, seguir trabajando con Tempo, tanto en los planes de entrenamiento como en el evento de octubre y organizar el grupo de desarrollo y rendimiento que dirijo, apretar algunas tuercas y soltar otras. 

¡Gracias a todos los pupilos, se portaron de maravilla, tanto los colombianos como los ecuatorianos, nos vemos en la próxima!

jueves, 16 de diciembre de 2021

IRONMAN 70.3 CARTAGENA: LA FIESTA DE TODOS




 

Ironman 70.3 Cartagena es sin dudas el triatlón más importante del país, había estado desde la barrera en tres oportunidades y, siempre, observaba como se vivía una fiesta para los triatletas y espectadores, esta vez no fue la excepción.

Hace una década era impensable un evento Ironman en Colombia y eran pocos los eventos en Latinoamérica para competir, el calendario se reducía a México y Estados Unidos, por lo que las carreras en el área eran más competitivas.

Esta pequeña introducción es para agradecer a los organizadores del Ironman 70.3 Cartagena por traer un evento, de esta talla a Colombia, pero con el mejor ánimo constructivo quisiera invitarlos a pensar en la importancia de los deportistas profesionales.

Sé que Wilber Anderson, organizador de Cartagena, cuando producía eventos en Miami y en otros países, como el MIT y el Ironman 70.3 Miami, le apostaba a que fueran los mejores a competir en sus eventos, entre ellos campeones mundiales como Bozzone, Cave, Raelert, Kienle, entre otros. Esto le daba estatus a la carrera, atraía patrocinadores, espectadores y atletas. Por el otro lado, también conozco que su socio, Edwin Vargas, fue atleta élite y sabe lo complicado que es hacer esto como profesión.

Para no ir muy lejos este año en Cozumel se ganaron la lotería teniendo, nada más y nada menos, que, al Campeón Olímpico, Christhian Bluemmenfelt, oportunidad que desperdició Texas, nunca se sabe quién pueda aterrizar en cada evento y Cartagena y Colombia merecen seguir siendo una gran vitrina.

Desconozco la razón para no incluir a los profesionales en esta edición, sé que tuvieron un comienzo difícil en 2016, cuando los líderes se perdieron y los organizadores debieron asumir su responsabilidad realizando dos premiaciones en efectivo, para quienes completaron la mayor parte del recorrido de carrera y quienes hicieron la mitad del recorrido, sin embargo, le siguieron apostando a los profesionales hasta 2019.

El domingo al escuchar a David Guete animándome (3ro en 2016 en una de las clasificaciones y 7mo en 2019), no podía parar de pensar que él debería estar corriendo y aprovechando la gran ventana que es el Ironman para así poder conseguir apoyos y continuar creciendo y dejando el nombre de Colombia en alto por el mundo.

De la misma forma otros atletas élites colombianos como Diana Castillo, quién ganó en 2017, Carlos Quinchará quién ganó el “corto” en 2016, Rodrigo Acevedo 3ero en 2018 o Alejandro Guzmán que no ha podido debutar como profesional, ya que no hay eventos en el área para los profesionales o los pocos que habían se cruzaron con los compromisos de sus Ligas y debieron conformarse con seguir el evento desde la casa o desde el andén, como David y Rodrigo, mientras que los grupos por edad nos robábamos los aplausos y en esta nueva era de influencers, los likes.

No estoy menospreciando el esfuerzo de los amateurs, su mejoría en los últimos años ha sido increíble y muchos de ellos han demostrado mayor constancia y mejores resultados que, incluso, algunos élites nacionales, lo que como Seleccionador Nacional me preocupa, pero me motiva para alentar a los entrenadores regionales a trabajar con mayor dedicación y pensar en metas ambiciosas, más allá de conformarse con cumplir con su instituto departamental de deportes cada cuatro años en Juegos Nacionales. Bueno, ahora si a la carrera…

De manera general la preparación entre el Ironman Texas y Cartagena fue buena. Dispuse de más tiempo para entrenar, los viajes de trabajo me permitieron seguir el plan o me adapté para poder hacerlo, eso sí, con una que otra locura, como salir del Aeropuerto de Palmira en una escala hacia Bogotá y correr por la carretera media maratón, pasarme unas toallitas húmedas y subirme al avión, para estar de regreso con mis princesas, a la final esta y todas mis locuras, especialmente en aeropuertos, no resultan un sacrificio o un castigo, prefiero mil veces correr sin agua, al sol del medio día, que sentarme a esperar en un aeropuerto.

El día de la carrera llegó sin mayores incidencias, el arranque era rolling start pero, esta vez, quería salir de primero del agua, así que esperé juicioso los más de 45 minutos en fila, que gracias a los demás participantes y sus historias se pasaron rápido. Salté de primero al agua y en el siguiente turno salieron los nadadores de los relevos, algunos de ellos ex nadadores de selección Colombia. Mi idea era pegarme cuando me pasaran y así sucedió apenas a los 100 m., Julio Galofre me alcanzó e inmediatamente fui a sus pies, sin embargo, la adrenalina me empujó a pasar a su lado y luego a partir, para buscar la punta en solitario, que pude mantener hasta el final de la natación.

Hice una transición rápida, quería seguir en punta el mayor tiempo posible, ya no era una sorpresa querer liderar de principio a fin, tal como había sucedido en el Nariño Challenge o en el Ironman Texas, esta vez era el plan de carrera.  Creo que liderar genera unas ventajas extras: escuchar al público, las sirenas de las motos y ver el carro líder mantiene la adrenalina alta, pero, en mi caso, saber que nuevamente Jineth y las niñas estarían en el kilómetro 3 del ciclismo, aceleraba el corazón y las piernas.

Pasaban los kilómetros y no me alcanzaba el relevo (que en mi opinión le quita el protagonismo a la carrera de todos los participantes que lo hacen de manera individual), hasta que fui alcanzado en el kilómetro 26. De ahí en adelante fui yo con mi soledad, pues el carro, las motos y los jueces se fueron con él, pero eso no me quitó la motivación, sabía que esto iba a pasar y ¨lideré¨ más de lo esperado.

Tenía algunos números en mente: promediar 265 vatios y 155 de pulso. El potenciómetro no bajó de los 300 vatios, hasta casi la mitad del ciclismo, que en esta ocasión fue más rápido porque el viento fue leve, todos estos números me sorprendieron, pues durante la preparación las sensaciones no eran las mejores, en contraste con la natación y la carrera a pie. Una vez en el retorno revisé la distancia y marcaba 44.2 km y me dije “bueno esta vez fue más corta”, lo cual no era cierto, los años anteriores también habían sido 88.4 kilómetros de recorrido de ciclismo.

De ida promedié 40 km/h., 150 ppm, 282 vatios y 288 de normalizada,  de vuelta fue más controlado, pero con la ayuda del viento y las bajadas registré: 41.3 km./h., 145 ppm, 253 vatios y 262 de normalizada, así que de regreso hacia la T2 la preocupación fue hidratarme bien, terminar la comida e intentar consumir entre 350 y 400 calorías por hora, para probar si era capaz de aumentar esa ingesta, como ejercicio para futuros eventos.

Entré a la transición y sentí ganas de orinar, lo que de cara al clima que se avecinaba, me mostró que había cumplido con la tarea de hidratarme mucho mejor que en otras ocasiones. No quería parar en el baño y mucho menos mojar los tenis, ya lo he hecho antes y no es buena idea, especialmente cuando toca empacar, así que corrí un poco más lento con la bicicleta en la mano mientras orinaba y en la transición me eché agua encima, esta vez fui muy divo, jajaja.

Salí a correr y lo primero que pregunté fue la diferencia con quienes venían atrás, pero nadie la sabía, el tracking de la aplicación estaba fallando, pero por mi tiempo acumulado,  asumí que debía tener buena ventaja.

Corriendo me sentía como en los bricks que había entrenado, muy fuerte. Estaba compitiendo por primera vez con tenis con suela de carbono y sentía como me ayudaban a despegar rápido del piso, lo que no sabía, pues sólo los había usado unas cuantas veces en Bogotá, era lo inestables que iban a ser en las curvas y la superficie de ladrillo y adoquines.

Así seguí corriendo, sin embargo, uno de los miedos previo a la competencia era perderme en el segmento de carrera pie, lo había vivido como entrenador de Quinchará y Guete en 2016 y nuevamente con Guete en 2018, por lo que los días previos revisé el mapa una y otra vez, intentando memorizar cada curva, afortunadamente, desde que salí a correr tuve una bicicleta guía, quién además de señalarme el camino, corregía a los espectadores y les avisaba que no iba de segundo, sino de primero en la individual, lo que me daba cierta alegría y risa, al mismo tiempo.

En el kilómetro 5 me crucé con Juan Aristizábal, quien me dijo que la diferencia era 7 minutos, que de vuelta aumentaría a 8, tiempo tomado manualmente y que no tenía en cuenta que yo había arrancado antes, pero que era suficiente para darme calma y seguir pensando en correr a un buen paso, pero sin estrés, pues sabía que tenía el tanque para aguantar.

La primera vuelta se pasó rápido y la segunda realmente la disfruté, traté de sonreír a todo aquel que me hacía barra, de animar si me salía la voz y de mantener un buen paso para bajar de las 4 horas, pues por intentar hacer más, terminé bloqueando el reloj y no sabía el tiempo total, sino sólo el de carrera a pie. A los 16 kilómetros me dijeron que tenía unos 10 minutos de ventaja y, de allí a la meta, lo disfruté aún más, porque sabía que nuevamente me iba a encontrar con mi familia en meta e iba a tener tiempo de darles un beso y, emocionado, lo hice, las besé y crucé la meta con la satisfacción de haberlo dado todo.

Después de la carrera mis amigos cercanos me molestaban porque les dije que no me sentía del todo conforme corriendo con atletas que tenían trabajo, hijos y no tenían todos los kilómetros que yo me había metido desde niño, pero no era de sobrador, ni más ni menos, es mi naturaleza competitiva: realista, exigente, de darme duro, a la final Jineth en su sabiduría me dijo: “claro que se te ve fácil, pero no era para nada fácil pararse a las 4 am, rendir en el trabajo, seguirle la cuerda a dos niñas pequeñas, cumplir con las cosas de casa y, además, sacar adelante todo el entrenamiento, disfrútalo, porque todo lo difícil lo hiciste antes de pararte en la línea de salida.”

Esto sólo para decirles que, si hacen esto por salud, por amor al deporte, por hobby, el puesto debe ser secundario, porque el único rival a vencer es usted mismo. El rival es la persona en el espejo, la que madruga y hace peripecias con su tiempo para cumplir con sus metas, al mismo tiempo que saca adelante todas las obligaciones de la vida real.  No se pueden sentir menos porque les gana alguien, un conocido, amigo o compañero de entrenamiento y, mucho menos deben compararse  con otros que han tenido otras oportunidades, que conocen este deporte desde hace mucho o con atletas que, a pesar, de llamarse amateur, tienen la oportunidad de entrenar en cualquier momento del día, sin tener que cumplir un horario de oficina, que viven del triatlón y que su trabajo es entrenar, comer, recuperarse y trabajar en sus redes.

Felicidades a todos los que se pararon en la línea de salida del Ironman 70.3 Cartagena, la recompensa está en la tranquilidad de sus corazones.  Haber llegado ahí fue un gran reto y terminar la competencia, sin importar el resultado, todo un privilegio.

Ahora sí que vengan los buñuelos y la natilla!

Por último y para culminar quisiera invitar a los organizadores a proponernos dos tareas en aras de que este evento y el triatlón en Colombia sigan creciendo:

1.       Abrir las puertas a los deportistas profesionales o élites, pues necesitamos una Mariana Pajón o un Nairo Quintana del triatlón, para que este deporte realmente despegue hacia el alto rendimiento en Colombia.

2.       Invitar a las marcas y patrocinadores a apoyar no sólo a quien tenga más seguidores en Instagram, sino a quienes demuestren resultados en los procesos de desarrollo y rendimiento, a la final el aficionado termina creyendo en quien rinde y da resultados, aun cuando compre e invierta en su propio material, que en quien promociona un producto, sólo porque recibe un incentivo por hacerlo.

Me pongo a disposición para aportar mi experiencia en beneficio del deporte que amo.

 


miércoles, 15 de diciembre de 2021

Ironman Texas 2021: Buscando El Balance









 

Complicado arrancar a escribir un blog de una carrera que sucedió hace dos meses, más cuando se acaba de terminar el 70.3 de Cartagena… Espero que no se me crucen las historias.

En realidad, hacer un Ironman no estaba en ningún plan, en noviembre de 2020, me inscribí a Cartagena, por ser el triatlón más importante de Colombia, porque con toda la incertidumbre por la Covid-19 parecía que era un evento fijo y se podían hacer planes con tiempo, además de la facilidad de competir en el país y que mi familia me pudiera acompañar.

Con ese objetivo en mente 2021 inició y continué entrenando, aprovechando el empujón que me había dado la pandemia; ya a mitad de año, pude competir en el Nariño Challenge, carrera que me gocé de principio a fin y que despertó el hambre por competir. En medio de la premiación y sin pensarlo mucho dije a mis 40 años quiero correr un Ironman de nuevo, finalmente nunca quise retirarme con una tarea inconclusa (Mi último Ironman en 2014 me retiré no sólo del evento sino del deporte).

Después de anunciarlo, Sergio Gómez, organizador del Nariño, en su estilo miro a Jineth, mi esposa, y dijo algo como “ya veo a Jineth teniendo un déjà vu”, también la miré, y entendí que una vez más y, como siempre, me iba a apoyar, sabiendo que no iba ser fácil balancear trabajo, familia y entrenamiento.

Desde ese mismo momento el día a día se transformó para para seguir cumpliendo con mis responsabilidades laborales, lo que significó madrugar para entrenar primero que los pupilos, o esperar para entrenar después o en ocasiones colarme en los fondos de ciclismo, transición inmediata y estar para mis hijas, intentando desconectarme lo que más pudiera del celular para completar algunas labores administrativas y de planeación que conlleva ser seleccionador nacional de triatlón y entrenar a algunos atletas de grupos por edad, quienes también buscan ser su mejor yo y están buscando su propio balance.

Las semanas previas, al igual que antes del TNC, tuve viajes de trabajo, que con ajustes y algo de flexibilidad supe sortear. Finalmente viajamos a Texas con mi familia y tuve la oportunidad de visitar a mi cuñada, su esposa, al negro y su familia, quienes se encargaron de armar una tremenda logística para ayudarme con las niñas y todo el tema de organización previa a la carrera, que cómo ustedes saben o se imaginan puede ser complicada, especialmente, en un Ironman.

Mi estrategia de carrera era simple, no arrancar de primero en natación, sino salir a los 4 o 5 minutos que iniciara el rolling start (no es salida masiva, sino que salen 3 atletas cada 3 segundos), para aprovechar mi fortaleza en natación y, así, salir del agua acompañado y no rodar en solitario, pero calcule mal los tiempos. Estaba quedándome en Houston a unos 45 minutos del lugar de carrera, me perdí y terminé parqueando muy lejos, por lo que tuve que caminar/correr durante unos 20 minutos para llegar al parque de bicicletas, y de allí debía correr nuevamente hasta donde iniciaba la prueba, que estaba a unos 2 km. Finalmente llegué, fui por última vez al baño, y me adelanté lo que más pude en la fila de inicio, tanto que no calcule bien, y salí sólo 2 minutos atrás de los primeros.

Comencé a nadar a un ritmo moderado, mientras entraba en calor y pasaba gente, hasta que a los 800 m. alcance al primer grupo, unos 10 atletas, y a los 1200 m. al líder, y desde allí fue un monologo. Continué a un paso moderado, por debajo de mi umbral, entre 150-160 pulsaciones por minuto.  El recorrido era un rectángulo de 2500 m. y de allí se debía girar hacia la derecha a  un canal por 1300 m. Terminando el rectángulo comencé a sentir una molestia en el flexor de la cadera, yo pateo únicamente con la pierna izquierda, y este se estaba cargando porque llevaba mucho tiempo sin nadar en aguas abiertas por tanto tiempo, adicionalmente el agua del lago se sentía pesada, lo único que pensé en ese momento fue que ya a mitad del ciclismo ni me iba a acordar de esa sensación, así que ¨solo mantén el paso¨. Al salir del rectángulo y girar a la derecha, el sol era tan brillante y directo, que me perdí por unos pocos metros y le tuve que decir al voluntario del kayak que me guiara hasta el canal.

Apenas entre al canal, fue una alegría ver a la negra, Sonia la hermana de Jineth, corriendo al lado y gritando, pues sabía que estaba grabando para enviarle los vídeos a Jineth, quien estaba pegada del celular esperando en la casa, para llegar al atletismo, el evento es demasiado largo para tenerla a ella y a mis dos chiquis (5 y 1 año) esperando en el lugar de carrera.

El salir del agua fue emocionante, escuchar al locutor, el mismo que alguna vez me había nombrado cuando era profesional, decir mi nombre completo, junto a la palabra líder. Hice una transición rápida, me monté en la bici y, fue la primera vez que pensé en ganar, que debía administrar las fuerzas y ser inteligente, que era más importante ganar, que el tiempo de carrera, finalmente esto es triatlón, el tiempo es algo secundario si se llega en primera posición.

Hablando de porque iba en primera posición, hago un paréntesis para contarles que cuando, a mitad del año, decidí inscribirme a Texas, con la idea de correr Kona en mi cumpleaños número 40, aún no se sabía si habría profesionales, lo escogí porque tenía donde llegar, viajar a Houston no es tan costoso, era de los pocos Ironman que aún no estaban vendidos, coincidía con mi cumpleaños y no se cruzaba con ninguna carrera de la Selección Colombia, es decir todo se había alineado de manera perfecta.

Volviendo a la carrera, el ciclismo no era el mismo que había hecho en 2013, este era plano, rápido y aburrido, comenzaba con una ida y vuelta, donde pude ver por primera vez al segundo, le llevaba cerca de 5 minutos, no recuerdo bien, y a los 25 km. se entraba a la autopista y se hacían dos vueltas de 65 km. aproximadamente, donde de ida el viento era en contra y de regreso a favor, aquí mi estrategia fue ir por pulso y no por vatios, al ser tan largo, la lucha era no bajar de 145 pulsaciones e iba a un promedio de 260 vatios, cumpliendo esto durante la primera vuelta. En la segunda vuelta llevaba una diferencia de unos 7 minutos, así que nuevamente pensé que prefería ganar sobre el tiempo, y me regule un poco, y, finalmente, en el último regreso ya con el viento a favor, fue complicado concentrarse y no caer en la comodidad, así que me enfoque en subir de 140 pulsaciones, sin embargo, el promedio de pulso fue 135, y por lo tanto también bajo la potencia, unos 220 vatios.

El bajar el esfuerzo se convirtió en parte en estrategia, pues si seguía empujando podía ganar de 3 a 5 minutos, pero si me pasaba, podía perder eso y más en un sólo kilometro de carrera a pie, que siempre fue mi talón de Aquiles, en el Ironman. Cuando era profesional, siempre me fue mejor en 70.3 qué en el full, ya que la segunda mitad del atletismo, me moría, no podía mantener el paso, en gran medida por mi técnica de carrera, salto mucho y tengo una cadencia demasiado baja, es decir corro a fuerza, y por más que lo trabajé, al igual, que el baile, no pude mejorarlo, y por otra parte porque aún no había corrido suficientes Ironman.

Después de 4 horas y 41 minutos toqué tierra, y sentí como el calor y el cansancio me asechaban, tampoco fue buena idea el casco cerrado para un full, pero como me dio por verme bien, sobre la comodidad, la iba pagando, la cabeza se sentía como en una burbuja. Mientras me cambiaba recordé que el primer kilometro siempre sale solo y que debía frenarme, no emocionarme y ser conservador, tratar de extender esa sensación el mayor tiempo posible, y pensar en el kilometro a kilometro y no en todo lo que faltaba.

Salir de la transición y ver por primera vez a las niñas y a Jineth fue emotivo, al igual que pasar por el primer control de tiempos y saber que mis amigos y pupilos que seguían la carrera se iban a alegrar al saber que iba liderando. El recorrido son tres vueltas, es bastante trabado, caliente y por partes muy solitario, aunque por el camino varios latinos me apoyaban y se emocionaban al ver a un colombiano en punta. La primera vuelta estuve en control, corriendo parejo entre 4:10 y 4:20/km. En la segunda vuelta el paso se comenzó a subir paulatinamente, y sólo pensaba en pasar de nuevo por donde estaban mis amigos y familia, por el gusto de escucharlos animarme y también saber las diferencias, al bajarme a correr llevaba cerca de 7 minutos y en la primera vuelta me habían recortado 1 minuto, 6 minutos parecen mucho, pero en un Ironman, basta con caminar para perder, cualquier diferencia, en un par de kilómetros, además había tenido un par de kilómetros a paso cercano de los 5 minutos, que si no aceleraba me podían alcanzar, digo podían, en plural, porque eran tres quienes habían estado turnándose el segundo puesto.

Fue salir para la tercera vuelta cuando las piernas no quisieron seguir, se pararon en un pequeño falso plano, y la cabeza comenzó a dudar, a pensar “bueno un segundo puesto no es malo…”, pero luego reaccionaba y me decía: “no pude haber liderado por más de 7 horas y media, para botarlo todo en la última hora” y volví a correr, entre el kilometro 29 y 34 tuve varias crisis, y trate de caminar sólo en las estaciones de hidratación, para reabastecerme y refrescarme para bajar la temperatura, hasta que algo dentro de mí dijo “es sólo dolor, es temporal, se va a acabar en algún momento y tus hijas te esperan para verte cruzar la meta en primer lugar”.

Así que hice lo que nunca antes había hecho en un Ironman y fue reponerme y comenzar a acelerar, cada kilometro era eterno y en momentos quería ver a los conocidos de nuevo y en otros no, pues no quería verbalizar que me sentía mal, afortunadamente ellos se fueron a esperarme a meta. En el último giro en U, faltando 1 km. a meta, del afán me devolví antes, y tuve que retornar de nuevo, no más de 15 m., pero dolieron. De regreso alcance a ver al brasileño, quien había dejado al estadounidense, estaba a unos 7 minutos atrás, así que me dedique a disfrutar de ese último tramo.

Entrar al túnel de meta fue indescriptible, buscaba a mi familia, pero era tanta la gente que no los vi, lo que si vi fue esa cinta blanca, era mía, era de todos aquellos que me apoyaron con mi trabajo, entrenamiento y que con palabras y hechos me habían hecho la segunda para cumplir este sueño aplazado, clasificar a Kona.

Cuando me retire en 2014, pensé que nunca correría en Hawaii, desde niño había visto todos los mundiales, todos los directos, sabía quién había ganado, y sobre todo quién había liderado la natación, hacía cuentas y pensaba que ese podría ser yo, pero las cosas no son siempre como uno las sueña, después de retirarme no he vuelto a ver la transmisión de Kona, no podía, era triste, pensaba que la única forma de verlo, sería en vivo, acompañando a alguno de mis pupilos, pero la vida y la pandemia me dieron otra oportunidad, quizás no como lo soñé, corriendo como profesional.

Cuando aterrice en la isla grande junto a mi familia, no se si sea capaz de contener las lágrimas.

¡Aloha!

lunes, 14 de junio de 2021

¡Felicidad! Nariño Challenge 2021

Ver esas caras de alegría, aunque suene a comercial de televisión, no tiene precio. 

Fueron 7 años para volver a disfrutar de un evento de larga distancia, la historia de por qué lo dejé ya la conté varias veces, pero ¿Por qué regresé? Primero no regresó el PRO, es decir, no regresé de la misma forma, ahora no es mi profesión, es mi hobby, mi refugio, mi escape y mi estimulante diario, para cumplir con mi profesión actual, ser entrenador. 

Regresé por la pandemia, antes de esto, no llevaba ningún plan estructurado, trataba de hacer algo en el día, un trote de media hora antes del entrenamiento de los pupilos o un fondo de contrabando con los junior y élite. La llama por competir aún no se encendía, y las oportunidades para hacerlo, no se presentaban, ya que debo estar con mis cinco sentidos en las carreras nacionales e internacionales, como entrenador y seleccionador nacional. 

Con las restricciones de entrenamiento del año pasado, como muchos entrenadores, comencé a dirigir entrenamientos por Zoom, y al mismo tiempo, me subía a la bici y entrenaba en el simulador, con todo esto comenzaron a aparecer carreras virtuales de ciclismo por Zwift, organizadas por @thenarinochallenge, que finalmente avivaron la llama de la competencia, así fuera virtual. 

Con este empujón, me organicé y comencé a entrenar un poco mas estructurado, haciendo locuras a la par de mis pupilos, como nadar amarrado en una piscina inflable…en Bogotá, con lo malo que somos los rolos para el agua fría o correr en círculos en la terraza. 

Finalmente, las restricciones para entrenar cedieron para los atletas, pero irónica o lógicamente, comenzaron para mí, pues debía organizarme para no interferir con los entrenamientos de los pupilos y las labores de papá, pero gracias al apoyo de @jinethcuevasr pude continuar con el impulso y participar en el primer evento “real”, el Colombia Challenge y de paso hacer una que otra locura como un 70.3 en Guatavita, junto a @pablogomezborrero y hasta correr en los pasillos de los aeropuertos para no perder la forma a menos de dos semanas del Nariño 2021. 

Del #NariñoChallenge 2021 les puedo decir que me los disfrute de principio a fin, tenía algo más de 4 horas por delante, para sólo pensar en mí, en como sentía mi cuerpo, como controlar la emoción y no irme a pasar de revoluciones, y, por supuesto, evaluar todos los escenarios para no dejarme alcanzar. Siendo honesto no esperaba ese resultado, pero si estaba dispuesto a dar la batalla para lograrlo y estaba dispuesto a ponerlo en palabras y hechos, porque estos 7 años fueron sólo de sequía deportiva, porque estuvieron llenos de aprendizaje, desde el otro lado de la barrera, fue fundamental entender que no hay un plan de entrenamiento perfecto y cumplir uno al 100% es imposible, siempre se podrán hacer ajustes, ser flexible y sacar el mejor provecho del mucho o poco tiempo con el que se cuente … si lo hay para leer esto. 

Aprendí muchas más cosas, pero para no aburrirlos lo resumo así: muchas veces no es el entrenamiento, es que tanto estamos dispuestos a invertir para lograr un objetivo. Desde que me inscribí estuve dispuesto sólo a dar me mejor esfuerzo por mis pupilos y mis hijas, para que vieran que con disciplina se logran los objetivos, pero que no es necesario esperar 7 años para entenderlo, que deben aprovechar el ahora, pero sobre todo disfrutar el proceso, el día a día, finalmente esto es sólo deporte. 

Felicitaciones a @aguzmantri y gracias por su entrega, fue gran parte de mi motivación para dar lo mejor, desafortunadamente no podemos controlar cuando y como nos enfermamos, es parte del deporte, pero lo más importante es que nunca se echo para atrás o lo tomó como excusa, salió a ganar, además por el valiente paso que dio al ingresar a la categoría Elite, el primer eslabón para una carrera como profesional de este deporte, de pronto no es el camino más sencillo, pero de seguro el que le dejará grandes lecciones y satisfacciones. 

Además Felicidades a @valentinadanna por ese carreron y la entrega diaria, por intentar día a día ser su mejor versión, dándolo todo y a pesar de todo. 

Gracias @juanaristi y @s_gomez_a por darle el hacha al #Leñador 

Fotos @saffetti 

#ceropresión #triathlon #triatlon #TNC #TriColombia #ironman #coach #entrenador

miércoles, 5 de agosto de 2015

CERRANDO UN CAPITULO

Estoy en deuda en escribir este blog, me tomó más de 6 meses, a pesar de eso no esperen mucho de él, porque lo estoy escribiendo en un par de minutos, para seguir adelante en este nueva etapa de mi vida, de una vez por todas.

No sé el momento exacto en que tome la decisión de retirarme como atleta profesional del triatlón, aún me debato si fue cuando sin razón alguna después de 20 años compitiendo me retire en la mitad del ciclismo en el 70.3 de Miami (Octubre 2014), o ese domingo, en medio de un gran bloque de trabajo, donde llegue a la pista a hacer los acostumbrados 30×800 y, simplemente, decidí regresarme caminando a casa y no enfrentar a la humedad, al calor, al dolor en las piernas y, tampoco, a las interminables vueltas a la pista.

No sé, definitivamente, no sé el momento exacto, pero después de ese par de días y de los siguientes, en los que era física y mentalmente imposible dar el primer paso para correr unos cuantos minutos, caí en un periodo de depresión; no entendía como algo que amaba desde niño, ya no me motivaba y lo había dejado de disfrutar, se había convertido en un trabajo. Era un dolor interno, indescriptible, como perder a mi mejor amigo, a mi cómplice.

Siempre que me preguntaban cuando me iba a retirar solía responder que lo haría cuando dejará de disfrutarlo, y eso era exactamente lo que estaba ocurriendo. Faltando tres semanas para el Ironman de Cozumel se lo dije a Brett, quien lo entendió y estaba totalmente de acuerdo con la decisión, sabía que lo había encontrado muy tarde, para hacerme un campeón, esto no me lo dijo a mí se lo dijo a Jineth: “Si lo hubiera entrenado unos cuantos años antes, con su disciplina, hubiese cumplido con sus sueños, pero su deficiencia en atletismo es tan grande, que me tomaría unos 6 años, llegar hasta donde él quiere, y tiene un futuro prometedor como entrenador, como para esperar ese tiempo”.

Hablamos de cómo había cambiado el triatlón de larga distancia, como las reglas, los recorridos y la calidad y cantidad de profesionales habían reducido el deporte a una carrera de atletismo. Hablamos de muchas cosas, me desahogue un poco y esperaba que me dijera, que aprovechará estas últimas tres semanas para estar a su lado como aprendiz de entrenador y ver cada sesión desde arriba y no desde el borde de la piscina. Sin embargo no fue así, me pidió que al menos comenzara el Ironman, que necesitaba que todo el equipo lo hiciera, para que no hubiese disculpa para que los patrocinadores, no nos pagarán los más de seis meses que nos debían.

Acepte, sentí la responsabilidad de equipo, porque muchos habían viajado desde Europa sólo para responder, aún, cuando sus temporadas ya habían terminado. Fue una montaña rusa de emociones de tres semanas, algunos días amanecía con todo el entusiasmo y pensaba en que aún podía hacer una buena carrera, otros no podía salir de la casa.

Me frustraba el tener que retirarme de un Ironman, nunca lo había hecho, no lo hice ni siquiera cuando tuve una costilla fracturada, así que pensaba terminarlo como fuera, ayudar a Todd en la natación y en la bici lo más que pudiera y luego sobrevivir pero, muy dentro de mí, sabía que estaba acabado, que mi personalidad era todo o nada. Si no había cumplido con el entrenamiento, no quería salir a terminar por terminar, mucho menos comenzar para retirarme.

Hasta la mañana del Ironman pensé en no arrancar, no quería dejar el triatlón con un retiro, y mucho menos en Cozumel, que me había abierto las puertas, donde estaban mis pupilos, la gente que me ha apoyado y donde finalmente me establecería para vivir.
Al fin junté fuerzas y fui a la salida, las caras de ansiedad, felicidad y miedo contrastaban con la mía de tristeza, era asistir al entierro de mi mejor amigo mientras los demás se iban de fiesta. Comencé a nadar y me ubique en la punta, nade cómodo y salí de tercero o cuarto del agua, me monte de primero y estaba liderando mi último Ironman en la bicicleta. La adrenalina me empujaba, y luchaba con los pensamientos que me decían que no había entrenado. Pensé en estar adelante lo más que pudiera, ayudar a marcar el paso a mi compañero Todd, para que el grupo donde venían los buenos ciclistas, no nos alcanzara.

La pila me duro unos 30 km. fue tanta la adrenalina que queme todos mis cartuchos y de a pocos deje ir a los tres primeros, quede sólo y más tarde me alcanzo Sthepen, también de TriCozumel, quien se había quedado de mi ritmo inicial.

Terminando la primera vuelta y pasando por el lado de mi casa, sabía que había cumplido, que me podía retirar, pero quise intentarlo una vez más. En el kilómetro 70 nos alcanzó un lote, digo lote porque no guardaban más de cinco metros entre cada uno, de cerca de 10 ciclistas, los deje pasar y en el momento que apretaron, algo en mi cabeza dijo “no más, no quiero sufrir más”.


En la competencia de los profesionales no es un solo ritmo como en las categorías, sino que realmente se está compitiendo durante más de 8 horas y es necesario tener la mente enfocada para resistir estos cambios de ritmo, dejar la zona de confort y sentir como se queman las piernas por unos minutos, para no dar el brazo, o las piernas a torcer.

Al tiempo que mi cabeza dijo no más, mis piernas se pararon automáticamente, y casi sin darme cuentas, estaba pedaleando rumbo a casa, fueron unos largos 20 km., en los que pensé en mi futuro, en mi decisión, en mi vida y en llegar rápido a mi casa a darme una ducha, estar sólo y pasar el guayabo.

Al final llegue, no fue como lo pensé, no tuve tiempo de reflexionar o sentarme en el suelo de la ducha a llorar, mis atletas que vinieron desde Colombia y compañeros de equipo aún estaban en carrera, así que me llene de valor y salí a apoyarlos y a responder los interminables: Porque me había retirado? de todos los que me encontraba o cruzaba.

Ahora que lo escribí creo que puedo cerrar este capítulo de Cozumel, y quisiera cerrar el de atleta, siempre estará en mi cabeza la idea de regresar, y con eso tendré que lidiar si quiero triunfar en mi nueva etapa, porque el cierre no fue el ideal, pero algo se quedó en mi y aunque deje de entrenar de 30 a 40 horas semanales, aún me ejercito casi a diario, pero lo que hago no tiene ninguna estructura y depende del tiempo que disponga, de la motivación o el clima.

En ocasiones sueño con volver a competir, mi problema es que no me llama la atención el hacerlo como amateur, y ya no tengo el tiempo para hacerlo como profesional, el trabajo ha aumentado bastante y, adicionalmente, estoy haciendo una Maestría en Entrenamiento Y Gestión Deportiva. Así que el entrenamiento ya no puede ser mi prioridad.

Lo positivo es que no puedo vivir sin ejercitarme, el cuerpo me lo demanda y poco a poco volví a disfrutar de mi mejor amigo, aunque este sea más pesado y lento de lo que solía ser. Disfruto de poner uno que otro día mi cuerpo al límite, de llegar exhausto al otro lado de la piscina, tratando de vencer a mis pupilos y demostrarme que aún soy capaz, para ellos es un entreno más, para mí una adicción por la velocidad y el dolor.

Hoy hace tres años estaba llegando a Geneva en busca del famoso ¨tren chocolate y crema¨ que me llevaría a Leysin a conocer a una leyenda del triatlón: Brett Sutton. Él me dio tres años para lograrlo, como a todos sus atletas se lo da, lamentablemente llegue tarde y el tiempo no fue suficiente para derrotar mis debilidades. Créanme que lo intente, pero lo quise tanto, que a lo largo de esos tres años, tome decisiones apresuradas, no escuche a mi entrenador, hice más de lo que me tocaba y termine quemándome en mi afán de ser el mejor.

En un par de semanas me enmarco en un nuevo viaje a Suiza, de nuevo con la maleta llena de sueños, pero esta vez como entrenador, para seguir aprendiendo del Doc y convertirme en el mejor entrenador posible.