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jueves, 15 de diciembre de 2022

CARTAGENA 2022: ME ALCANCE A METER A LA FIESTA


La previa al Ironman 70.3 Cartagena estuvo llena de suspenso, no fue que se me ocurriera competir a última hora, al iniciar el año y planearlo, Cartagena estaba incluida en el calendario, pues previo a la apertura de inscripciones una de las marcas patrocinadoras del evento me ofreció la entrada a esta y otras carreras, sin embargo una vez se cerraron las inscripciones me informaron que no había sido seleccionado; en el momento no le día mayor importancia y el tiempo pasó sin que hiciera mayor cosa por la inscripción, pues el gran foco del año era Kona.

A mitad de año me ofrecieron, por parte de la organización, una entrada, si promocionaba un evento, al instante dije que sí, pero apenas terminé la llamada y le conté a mi esposa, me hizo caer en cuenta que tenía un evento esa semana y que serían dos viajes muy cercanos, en el mes previo a Kona, por lo que desistí de la entrada al siguiente día.

Al llegar del mundial y sintiéndome en buena forma para llegar a Cartagena me puse intenso con la consecución del cupo: con patrocinadores del evento, Federación, operadores, pero durante 3 semanas ninguna puerta se abrió, aún cuando recibí miles de mensajes, todos con muy buenas intenciones, donde me cedían o vendían sus inscripciones por diferentes motivos: desde lesiones, embarazos, accidentes e incluso de fallecimientos me enteré, sin embargo la política del evento no permitía ni cambiarlo de año, ni de nombre.

El año siguió pasando y aún sin inscripción, continué entrenando sin perder la esperanza, baje un poco las cargas, dirigí con Tempo y TNC el TriCamp y espere, hasta que, finalmente recibí una llamada de Daniela de Powerade, quien me dio la buena noticia: tendría un cupo en la carrera y con un poco menos de 4 semanas para el Ironman 70.3, fue momento de replantear el entrenamiento e intentar llegar en la mejor forma a la línea de salida, aunque no dejaban de cruzarse por mi cabeza muchas preguntas: ¿ es buena idea empujar tanto por algo ante tanta negativa? ¿será que el de arriba me está tratando de cuidar de algo?

Finalmente, a Cartagena viaje con mi esposa, Jineth, dejamos a las niñas con los abuelos, prometiéndoles un par de días de sol a nuestro regreso, aunque ya en la heroica, fue imposible no sentir nostalgia y vacío al no tenerlas al lado, aunque su energía logró viajar kilómetros en un video que la mayor (Martina) nos envió, me llenó de sentimiento y motivación para la carrera.

Para no alargar la historia, ese día me ubique en la primera línea de salida y faltando 5 minutos, se nos acercó Tony Lugo, el animador del Ironman, quien nos dijo: “pongan atención, porque si ustedes se pierden, 1800 se van a perder” y nos dio las indicaciones de último minuto de la natación, en ese momento me preguntaba: ¿será que no leí bien la guía del atleta?, no recuerdo que la natación tuviera esos giros.

6:25 am, 10 minutos después de la hora estipulada, dieron la partida, a los 50 m. ya me había alcanzado Juan Manuel Morales, del relevo ganador, medallista de oro en Juegos Suramericanos en 10 km. aguas abiertas y recordista nacional, y sus títulos se sintieron, ni 25 m. pude aguantar a sus pies. Luego de zigzaguear los primeros 200 m. para cumplir con el recorrido, se comienza a nadar en contra del sol, al principio podía ver a Morales a la distancia y tenía una referencia, pero luego, sin kayak acompañante ni guía, tuve que parar en varias ocasiones, levantarme las gafas y revisar si estaba siguiendo el recorrido, hasta que pude fijar un edificio como punto de referencia para nadar derecho. En el regreso fue más tranquilo, hasta los últimos 300 m. cuando el recorrido se vuelve confuso, ya que, en las indicaciones previas, nos habían dicho que solo había un giro a la izquierda, al inicio, pero no era así, tocaba salir de la línea en que veníamos nadando, girar a la derecha y luego en la boya a la izquierda, para buscar, literalmente buscar, la salida, que apenas tenía un par de banderines azules, difíciles de identificar porque se confundían con el fondo.

Salí del agua sobre los 25 minutos y que sensación tan increíble escuchar los gritos y la barra en el camino hacia la transición (recomendación para la organización: no sobra un tapete en este trayecto, para evitar las caídas), tomé la bici y salí disparado hacia la calle, cuando de frente me encontré con un juez extranjero quien me comienza a hacer señas y se me cruza en el camino, trato de esquivarlo, pero él sujeta y hala mi manubrio, quitándome el punto de apoyo y mandándome contra la valla, en ese momento todo es confusión, me grita que el número, le muestro el de la bicicleta y como puedo sigo mi camino, hasta que escucho “helmet number”, caigo en cuenta que el visor del casco esta arriba y tapa parte del número, miro hacia el juez, retiro el visor del casco, le hago señas que el número está allí y continuo.

Los primeros kilómetros fueron una mezcla de incertidumbre y rabia, pensaba en lo que había sucedido, si de alguna forma había cortado el recorrido y me iban a descalificar o si cuando llegara a la T1 me iban a penalizar por la reacción que tuve, quería preguntarle a alguien si todo estaba bien, pero al igual que en la natación iba absolutamente solo, ni un juez, ni un policía, todos estaban con el “líder” de la carrera, el relevo. Al pasar por las primeras dos estaciones los voluntarios no estaban listos y a pesar de avisarles, al pasar por el frente de las estaciones no pude recibir nada de nada.

En el kilómetro 35 llegó una moto de prensa a quienes les pedí me acompañaran hasta la siguiente estación de abastecimiento, porque ya necesitaba recargar, ellos amablemente me siguieron y avisaron en la estación de abastecimiento. Al girar, tome referencias y tenía sobre David Zapata, que había comenzado la natación conmigo, cerca de 3 minutos, así que me enfoque en no relajarme de vuelta, ya que, con el viento a favor, es más fácil caer en la trampa de no empujar y siempre será complicado mantenerse motivado yendo solo por más de 2 horas.

Lo que más añoraba era terminar el ciclismo, no tener ningún desperfecto mecánico y correr por la mágica ciudad amurallada, abarrotada de gente y de gritos, el trote puede ser lo más duro, pero el tener estas condiciones de fiesta, es espectacular y es lo que me hizo insistir en correr de nuevo en Cartagena, esa atmósfera es única y como dice el comercial, te da alas.

El trote me lo goce de principio a fin, era la disciplina en la que más me tenía confianza, a pesar que en las últimas semanas no estaba haciendo los mejores tiempos, cuando podía chocaba las manos de quienes las extendían a mi paso, sonreía y aceleraba en cada curva. Uno de los objetivos era bajar de las 4 horas, en el reloj solo llevaba el tiempo del parcial, no del total, hasta que, faltando 2 kilómetros, revisé el tiempo y no iba a cumplir con este, ya no había ningún afán sino disfrutar, mantener el paso y llegar a meta.


Para quienes gustan de los números, estos son los de mi reloj, no de la aplicación: en natación en 2021 nade a un paso de 1:20 y este año en 1:22, en entrenamiento me sentía mucho más fuerte que el año pasado y había tenido la oportunidad de nadar más, pero la confusión en el recorrido y las paradas, hicieron mella. En el ciclismo me demoré 4 minutos más, en 2021 las condiciones fueron muy favorables, de ida el viento fue mínimo y de regreso ayudo, mientras que este año, los primeros 20 km. el viento fue más fuerte, y aunque el regreso fue más rápido, no alcanzaba a compensar. En 2021 mi pulso promedio fue 148 y la potencia normalizada 276, mientras que, en 2022, fue el mismo pulso con una potencia normalizada de 255, pero desde que arreglé el potenciómetro, hace un par de meses, está marcando cerca de un 5 a 7% menos que antes, comparando con el simulador, al parecer ahora si está bien calibrado y, con esa diferencia, sería muy similar a 2021. En el trote me subí 55 segundos y el pulso promedio paso de 156 a 158, pero me sentí con más fondo y en mayor control.

Esta comparación para decirles que no se maten la cabeza con los números, las condiciones nunca serán las mismas, calor, viento, motivación, entrenamiento, sino que disfruten del proceso y de la carrera, en mi caso en 2021, tuve un bloque de 9 semanas entre el Ironman de Texas y Cartagena, y esta vez fueron 8 semanas, en 2021 al tener la certeza que iba a competir, la programación fue más acorde que en el presente año.

En cuanto a 2023, tengo varios objetivos laborales y el camino comienza a tener algo de claridad, una de las opciones ya no la veo viable, pues desde el 8 de noviembre presenté un proyecto para el desarrollo del triatlón colombiano, que contiene 10 ejes y el cual quería exponer, pero la Federación no ha abierto el espacio para hacerlo, a pesar de la insistencia. El otro objetivo es continuar con el proyecto de desarrollo de Tempo, que en resumen es crear un equipo infantil y juvenil de triatlón, para que se destaquen a nivel nacional y lleguen al rendimiento, así que, si sus hijos, sobrinos, familiares o amigos están interesados, no duden en llamarme. De la mano hay otros objetivos más ambiciosos, pero como cábala prefiero trabajar en silencio y cuando sea el momento darlos a conocer.

Como atleta aficionado aún no he organizado el calendario de competencias, posiblemente competiré el 70.3 de Lima y algunas carreras del calendario nacional.

Para terminar este blog quiero aprovechar para agradecerle a todos quienes me siguen, estoy demasiado agradecido por tomarse el tiempo de leer mis historias, por los mensajes, llamadas y palabras de la comunidad del triatlón colombiano en cada uno de los eventos que participe este año y en los entrenamientos, donde varias veces me cruce con muchos de ustedes y nunca les faltaron palabras para alentarme y animarme, mi retribución por todo su cariño será continuar trabajando por el desarrollo del triatlón colombiano, desde la esquina en la que me encuentre, con todo el amor y la pasión que tengo por este deporte.

Gracias también a mi familia por disfrutar a mi lado del deporte.

Hasta la próxima y ojalá en 2023 los profesionales tengan cabida en Cartagena, ya que es la vitrina más grande que tienen los atletas colombianos para conseguir algún tipo de patrocinio y espero que no sigan desapareciendo las pruebas con premiación en efectivo del calendario nacional.  

A todos feliz descanso, disfruten las fiestas….

Feliz navidad y que 2023 esté lleno de metas por trabajar y cumplir.



martes, 1 de noviembre de 2022

KONA: UN SUEÑO APLAZADO


Ya en varias publicaciones he comentado que Kona siempre fue mi sueño, hoy, vengo a contarles como fue vivir este sueño y haber podido cerrar un ciclo que estaba inconcluso.

Para recapitular un poco, desde niño, mi sueño era ser uno de los locos que aparecían en la revista Triathlete, hombres en speedo y mujeres en bikini de colores neón, montados en bicis futuristas con Scott. Soñaba y hacia cuentas del tiempo que debería hacer para salir adelante en el agua, mi deporte favorito y lo más cercano a volar.

Eran los años 90´s y el Ironman era un deporte gringo que estaba despertando gran interés en Europa y Australia, que a la postre los desbancarían, mientras en Colombia el triatlón estaba en boga, había equipos profesionales y equipos de niños, tanto así que entre 1995 y 1999, asistimos cerca de 50 niños y jóvenes a representar a Colombia, en cada uno de los campeonatos panamericanos, la mayoría de nosotros con el apoyo del bolsillo de los papás y uno que otro patrocinador.

En aquella época la meta era el Ironman, los eventos de la ITU, hoy World Triathlon, no tenían mayor difusión, esto sólo sucedió hasta el año 2000, cuando el triatlón se convirtió en deporte Olímpico, sin embargo,  lo que siempre me cautivó fue la larga distancia y al estrellarme con la falta de criterios de selección para eventos internacionales por parte de la Federación, decidí que el camino se construía solo, pasando en 2006, a la larga distancia, con el objetivo de convertirme en profesional.

De 2009 a 2014 fui triatleta profesional, en 2012 conseguí un contrato con el Team TBB, posteriormente TriCozumel, a cargo del legendario entrenador Brett Sutton y creyendo que tenía toda una vida deportiva por delante, no puse tanta atención a la clasificación a Kona, sino a entrenar y correr eventos 70.3, que me venían mejor, hasta que un buen día, el cuerpo dijo no más (si quieren leer sobre mi retiro https://andrescastillolatorre.blogspot.com/2015/08/cerrando-un-capitulo.html)  ni siquiera termine mi último Ironman de Cozumel en 2014, todo se apagó, el sueño se esfumó y creí que nunca conocería Kona, como competidor.

Por eso el poder volver a entrenar estructuradamente en 2020, clasificar a Hawái en 2021 y viajar con mi familia a Kona hace un par de semanas fue cerrar un capítulo y cumplir un sueño que, aunque no fue en la categoría profesional, fue construir casi de cero tal vez mi mejor forma física (dadas las circunstancias), ajustar las tuercas mentales y llegar a la gran cita, mi primer mundial Ironman, con todo lo que estuvo a mi alcance para celebrar, como me gusta, mis 40 años.

Me he tomado una pausa para escribir este blog, como queriendo que el sueño no se acabe, sin embargo y aprovechando ese tiempo, he tenido la oportunidad de escuchar y leer las impresiones de profesionales y amateurs sobre lo acontecido este año, de comparar resultados previos y de concluir, lo obvio: fue un Kona rápido para los profesionales -mejor tecnología, preparación y apoyo económico (patrocinadores y PTO), sin embargo, en el caso de las categorías la carrera no fue tan rápida, pero si mucho más reñida; si se comparan los atletas individualmente y los tiempos de los ganadores, los márgenes entre posiciones fueron segundos, esto posiblemente por dos razones: primera, algunos atletas en el pódium, que estaban por fuera de esta opción, se vieron beneficiados de la salida por olas, si no se es buen nadador, los líderes de la categoría superior o siguiente, te alcanzarían en ciclismo y, segunda, podría ser el efecto post pandemia, donde el mundo cambio y muchos se movieron al trabajo remoto, que se ha traducido en más tiempo para entrenar.

Sin querer darle más preámbulos a esta historia, quienes siguen mis publicaciones en redes saben que, los primeros días me ¨entretuve¨ arreglando el manubrio, que se rompió en el vuelo de Bogotá a Kona y por el cual American Airlines ya me notifico que no va a responder. Este percance me alejó un poco del show: la cena de bienvenida, la carrera de ropa interior (de lo que se perdieron) y el desfile de naciones, pero lo compensé con descanso y tiempo en familia.

El día de carrera inició muy temprano, estaba a unos 50 km del epicentro de la carrera, incluyendo el lugar de salida, esto en razón a que al momento de organizar la logística las niñas debían tener un lugar cómodo, adicional a los altos costos de un alojamiento en Kailua, el lugar donde inicia la carrera. Me levanté a las 3:30 am, comí un poco, corrí 10 minutos para bajar el desayuno y, a las 4:30 am, salimos hacía la zona de transición, una vez allí todo transcurrió en relativa calma y como mi ola (turno de salida) era la 4ta, tenía tiempo suficiente para ajustar los últimos detalles.

Los profesionales salieron a las 6:20 am, seguidos de la categoría 35-39 años a los 15 minutos, luego la categoría 30-34 y, posteriormente, mi ola, 40-44 años, a las 7:05 am. El proceso era esperar en un corral y, tan sólo, faltando 8 minutos para la largada, podíamos entrar al agua, dirigirnos a la salida, una línea imaginaría custodiada por surfistas, podrán imaginar la adrenalina y tensión que se respira en ese momento, todos amontonados y queriendo pasar adelante, cada uno cuidando su lugar, hasta que comienza la cuenta regresiva y toda esa energía reprimida explota con el cañonazo de salida.

Saque mi experiencia en eventos ITU, nade a tope los primeros 100 m. y pude salir de esa lavadora de brazos y piernas rápidamente, me ubiqué adelante y, por mi lado derecho, un italiano comenzó a tomar ventaja, así que fui a sus pies, mientras veia cómo se iban quedando los demás y a los 400 m. ya era segundo, con un grupo numeroso a mis pies.  

Miraba cada tanto para atrás y el grupo no se separaba, primera decisión de carrera, hacer un hueco e ir adelante a jalar,  la estrategia funcionó, ahora iba liderando mi grupo de edad, sin embargo me mantenía con un pensamiento recurrente: esta carrera no se gana en la natación, debía ser conservador y no quemar los cartuchos antes de tiempo, así que, llegando al retorno de natación, dejé pasar al italiano y me fui a sus pies, sintiéndome suficientemente cómodo, a los 500 m., volví a tomar la punta y comenzamos a pasar cantidad de atletas de la ola anterior. Estos sobrepasos no fueron traumáticos, principalmente porque íbamos pegados a las boyas, mientras la mayoría de gente optó por ir abierto, sólo un par de personas se atravesaron y con el convencimiento de ser conservador, nuevamente dejé la punta, más adelante quise pasar de nuevo, pero al abrirme sentí que tendría que meter otro cambio y la renta no sería mucha, así que, aunque quería ser el mejor nadador de las categorías, no era inteligente pasar a jalar.

En los últimos metros de la natación llegando al Pier, la cantidad de gente era impresionante y, resultaba más complicado pasar, por suerte me pude mantener por fuera de los golpes, pasar por un lado el trancón que se hacía en las escaleras y salir en primer lugar (de mi categoría) de la transición.

Ya montado en la bici comencé a pasar más gente, con la dificultad que suponía adelantarlos en las estrechas calles de Kailua, unos 12 km. antes de salir a la autopista, Queen Ka’, donde Sonia (más conocida como la negrita), mi cuñada, me confirmó que iba liderando y era top 5 de la general, de ahí en adelante fue un trabajo constante para estar en la distancia reglamentaria.

Junto a 5 competidores íbamos rebasando, dejando la distancia reglamentaria, pero a quienes pasábamos se metían en el medio, no les era suficiente seguir el tren, por lo que me era necesario acelerar y pasar hasta la punta para no entrar en los 10 m. del atleta en frente, este cambio de ritmo causaba una merma del paso y multiplica el esfuerzo físico y mental.

Mi estrategia hasta iniciar la “subida” de Hawi era sobrepasar en las subidas la mayor cantidad de ciclistas y, cuando me encontraba con un grupo que no se dejaba pasar o se metía en el medio, frenarme un poco, dejarlos pasar y volverlos a sobrepasar en la subida, manteniéndome acoplado todo el tiempo, para disminuir la resistencia y por consejo de Andrés Torres, a quién le había manifestado mi preocupación por el sobrepaso y quedar en medio de una situación de drafting, que pudiese valerme una sanción, su consejo: “mantenga la distancia y si se le meten no se desacople, pues si viene un juez y ve que va cogido de arriba, va pensar que usted va haciendo drafting”.

Hawi es una subida o falso plano al 2-3% que va del kilómetro 84 al 93, el cual se puede hacer acoplado y en donde normalmente se rompen los lotes. Esta subida la hice a unos 260 vatios constantes, unos 10 vatios más del promedio que traía, acoplado y pasando gente, lo que me dió posibilidad de estar más tranquilo con mi estrategia de rodar limpiamente. Ya al coronar, me di cuenta que había descontado unos 4 minutos a la primera ola, así que posiblemente podía ser el líder de las categorías o estar muy cerca de ello, pues no podía referenciar sino a la primera ola (35-39 años).

De regreso, parada rápida en los special needs: tomé la caramañola de Isocarb y continué con mi alimentación, mayoritariamente liquida y que consistía en 90 g. de carbohidratos por hora y, aproximadamente, un litro de líquido. En ese punto solo iba, de quienes comenzaron el ciclismo conmigo, un polaco, a quién pase rápidamente en la bajada, al ver unas gotas sospechosas que brotaban de su sillín.

En el regreso la cantidad de ciclistas se redujo notablemente, alcance al último grupo en una subida a los 128 km. y me mantuve a la distancia con un par de ciclistas, hasta que faltando 40 km. comenzaron a aparecer los jueces, no los había visto en todo el recorrido, repartiendo sanciones a varios de los que iba alcanzando.

Luego de eso de nuevo solo, hasta que  un grupo de 5, a su respectiva distancia, me pasó a muy buen paso, estuve con ellos hasta el km. 160, cuando en una bajada perdí la referencia y quedé, nuevamente, solo, creo que en esos últimos 20 km. fue donde perdí tiempo, debido a que rodé prudentemente, sintiendo que me había excedido en algunas subidas; finalmente, entrando a Kailua me pasó otro grupo y antes de llegar a la transición, volví a escuchar a Sonia, que me gritaba 7mo, en ese momento no entendía si era de la general o de mi categoría, así llegue a la zona de transición y era hora de saber que tal estaban las piernas.

Apenas me desmonte supe que tenía piernas, me cambie rápidamente, tome los geles y el cinturón que tenía una botella con líquido, previendo lo que sería correr con menos estaciones de hidratación (en razón a la falta de voluntarios las estaciones de abastecimiento las habían movido, ya no eran cada milla, sino cada dos millas) lo que pondría al cuerpo al límite, en un recorrido sin sombra, ondulado, húmedo y a más de 32°C.

Estaba ansioso por correr, sabía que era donde se definía todo, pero intenté mantenerme en control para apegarme al plan de carrera. A los 2 km. veo a mi esposa, quien, nuevamente me grita 7mo, a lo que respondo ¿de la general? y me responde: de tu categoría, pero todos están a dos minutos a excepción del primero, inmediatamente, a tranquilizar la cabeza, pues esperaba estar más adelante, según cuentas previas y, otra vez, apegarme al plan, sabía que, si mantenía el ritmo, los iba a cazar.

A los 11.5 km. se sube Palani, me sentía fuerte y volví a recibir noticias, ahora iba 5to, volvía el alma al cuerpo, el plan iba dando resultado. Seguían un par de repechos, hasta que se llega a un falso plano eterno, donde la mejor estrategia es no mirar el reloj, coger todo lo que se pueda en las estaciones, rellenar el tarro de lo que sea y apretar dientes. Ese falso plano termina al entrar en el temido Energy Lab, que es el segmento más caliente de la carrera, primero se baja, luego se corre paralelo a la playa, en un calor infernal y se hace el retorno, para luego subir, todo eso con estaciones de abastecimiento muy separadas, en las cuales escaseaba el hielo y las bebidas frías, tocaba rebuscar entre las mesas y canecas, para conseguir algo frío.

Había escuchado que al salir del Energy Lab, era la parte en la que se ganaba o se perdía la carrera, en mis cuentas iba 5to o 6to, pues me parecía que había alcanzado uno de mi categoría, pero me había pasado Sergio Marqués, un ex profesional portugués con quién había competido, hace unos 12 años. Esperaba encontrarme de nuevo con Sonia para que me diera parciales, pero ya no estaba (ella iba y volvía en bici, luego supe que le había dado un golpe de calor y no pudo esperar más) y al no encontrarla, simplemente, trataba de descolgarme en el falso plano, pero las piernas ya  no bajaban de 4:20/km.

Esos últimos 12 km. fueron eternos y engañosos, casi hasta de alucinaciones, en un punto creí llegar a la subida de Palani, para dar vuelta a la derecha y llegar a Kailua, pero era el repecho previo, ya las fuerzas iban justas y luchaba por no bajar la cadencia, finalmente logré llegar a Palani, me dejé ir y faltando casi 1 km. me pasó Kocar, por el número sabía que era de mi categoría, traté de apretar, pero él estaba más fuerte, a los 200 m. pase a un belga de mi categoría, quién estaba a punto de caerse.

En ese punto y dentro de mí, sabía, que había perdido el top 5, pero ya sólo quería llegar donde estaba mi familia, recoger la bandera de Colombia y terminar, el cuerpo no daba más, a lo lejos vi la tricolor y el tapete de llegada, la piel se me erizó, era lo que había soñado, estaba cumpliendo un sueño aplazado:  pasar ESA meta (así con MAYUSCULAS) dejando las piernas y el corazón en esos 226 km, sin importar el tiempo, el puesto, pero, absolutamente, satisfecho de hacer todo lo que estaba a mi alcance por cumplir y cumplirme.

Pasar la meta fue una mezcla de felicidad y dolor, pero sobre todo, un sentimiento de complacencia, por haber podido dar por terminado un capítulo, que había estado inconcluso durante 8 años y hoy no tengo más que agradecimiento por todos los que me animaron y me apoyaron para regresar, a cada uno de los que escribieron mensajes de aliento y de ánimo, a quienes estuvieron pendientes durante las 9 horas de competencia de cada parcial, a quienes en grupos de whatsapp comentaban la carrera, hicieron pronósticos y en la distancia me enviaban su buena energía y, en especial, a mis amigos de la vida, los amigos que se convirtieron en familia y que conocí por haber hecho parte de  Merey y a mi ex entrenador, Oswaldo Santos, quien cada vez que me veía me decía: “Mijo, usted tiene que regresar, aún tiene mucho que dar, yo lo quiero ver en Kona”

Infinitas gracias a mi esposa por su paciencia, por su ayuda y por animarme a cumplir mis sueños, a Mauro, mi mejor amigo, que siempre estuvo dispuesto a escucharme y aconsejarme, a mis hijas por alegrarse por mis triunfos y prestarme su tiempo y a la familia de mi esposa, es decir mi familia, que me acompaño, se organizo y se vivió este viaje en torno a un Ironman.

Todavía tengo la cabeza revuelta, muchos planes y caminos que tomar para 2023, entre ellos esta priorizar los objetivos laborales y familiares, pero eso será para otro blog.

¡Aloha!



lunes, 14 de junio de 2021

¡Felicidad! Nariño Challenge 2021

Ver esas caras de alegría, aunque suene a comercial de televisión, no tiene precio. 

Fueron 7 años para volver a disfrutar de un evento de larga distancia, la historia de por qué lo dejé ya la conté varias veces, pero ¿Por qué regresé? Primero no regresó el PRO, es decir, no regresé de la misma forma, ahora no es mi profesión, es mi hobby, mi refugio, mi escape y mi estimulante diario, para cumplir con mi profesión actual, ser entrenador. 

Regresé por la pandemia, antes de esto, no llevaba ningún plan estructurado, trataba de hacer algo en el día, un trote de media hora antes del entrenamiento de los pupilos o un fondo de contrabando con los junior y élite. La llama por competir aún no se encendía, y las oportunidades para hacerlo, no se presentaban, ya que debo estar con mis cinco sentidos en las carreras nacionales e internacionales, como entrenador y seleccionador nacional. 

Con las restricciones de entrenamiento del año pasado, como muchos entrenadores, comencé a dirigir entrenamientos por Zoom, y al mismo tiempo, me subía a la bici y entrenaba en el simulador, con todo esto comenzaron a aparecer carreras virtuales de ciclismo por Zwift, organizadas por @thenarinochallenge, que finalmente avivaron la llama de la competencia, así fuera virtual. 

Con este empujón, me organicé y comencé a entrenar un poco mas estructurado, haciendo locuras a la par de mis pupilos, como nadar amarrado en una piscina inflable…en Bogotá, con lo malo que somos los rolos para el agua fría o correr en círculos en la terraza. 

Finalmente, las restricciones para entrenar cedieron para los atletas, pero irónica o lógicamente, comenzaron para mí, pues debía organizarme para no interferir con los entrenamientos de los pupilos y las labores de papá, pero gracias al apoyo de @jinethcuevasr pude continuar con el impulso y participar en el primer evento “real”, el Colombia Challenge y de paso hacer una que otra locura como un 70.3 en Guatavita, junto a @pablogomezborrero y hasta correr en los pasillos de los aeropuertos para no perder la forma a menos de dos semanas del Nariño 2021. 

Del #NariñoChallenge 2021 les puedo decir que me los disfrute de principio a fin, tenía algo más de 4 horas por delante, para sólo pensar en mí, en como sentía mi cuerpo, como controlar la emoción y no irme a pasar de revoluciones, y, por supuesto, evaluar todos los escenarios para no dejarme alcanzar. Siendo honesto no esperaba ese resultado, pero si estaba dispuesto a dar la batalla para lograrlo y estaba dispuesto a ponerlo en palabras y hechos, porque estos 7 años fueron sólo de sequía deportiva, porque estuvieron llenos de aprendizaje, desde el otro lado de la barrera, fue fundamental entender que no hay un plan de entrenamiento perfecto y cumplir uno al 100% es imposible, siempre se podrán hacer ajustes, ser flexible y sacar el mejor provecho del mucho o poco tiempo con el que se cuente … si lo hay para leer esto. 

Aprendí muchas más cosas, pero para no aburrirlos lo resumo así: muchas veces no es el entrenamiento, es que tanto estamos dispuestos a invertir para lograr un objetivo. Desde que me inscribí estuve dispuesto sólo a dar me mejor esfuerzo por mis pupilos y mis hijas, para que vieran que con disciplina se logran los objetivos, pero que no es necesario esperar 7 años para entenderlo, que deben aprovechar el ahora, pero sobre todo disfrutar el proceso, el día a día, finalmente esto es sólo deporte. 

Felicitaciones a @aguzmantri y gracias por su entrega, fue gran parte de mi motivación para dar lo mejor, desafortunadamente no podemos controlar cuando y como nos enfermamos, es parte del deporte, pero lo más importante es que nunca se echo para atrás o lo tomó como excusa, salió a ganar, además por el valiente paso que dio al ingresar a la categoría Elite, el primer eslabón para una carrera como profesional de este deporte, de pronto no es el camino más sencillo, pero de seguro el que le dejará grandes lecciones y satisfacciones. 

Además Felicidades a @valentinadanna por ese carreron y la entrega diaria, por intentar día a día ser su mejor versión, dándolo todo y a pesar de todo. 

Gracias @juanaristi y @s_gomez_a por darle el hacha al #Leñador 

Fotos @saffetti 

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