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miércoles, 6 de diciembre de 2023

Ironman 70.3 Cartagena 2023 #LastDance

 

Repasando vídeos, fotos y mensajes para comenzar a escribir este blog con una alegría enorme por el resultado del fin de semana, pero especialmente por todas las personas que me apoyan, que se emocionan por mí y que me dicen que las inspiro, esto último no esperaba lograrlo, gracias a estos 3 últimos años me reconcilié con mi amor de toda la vida, han sido maravillosos y me permitieron poder, hoy, despedirme con una sonrisa.

Al escribir esto se me aguan los ojos: conocí el tri a los 8 años y lo he amado y odiado, lo he vivido desde adentro y desde la barrera, lo he disfrutado y también lo he sufrido, he gozado con los triunfos y he batallado con las derrotas, que han sido muchas más, he tenido tuzas (casi todas como entrenador) y he intentado con el ejemplo inspirar, especialmente, a mis hijas, para que hagan del deporte una parte de sus vidas, sea cual sea el deporte que escojan y el nivel en que lo practiquen.

Faltaría a la verdad si dijera que volví por ellas o por otros, realmente regrese al triatlón por mí; hace 9 años le dije adiós, quedándome con una carga emocional enorme, me retire como nunca lo había hecho, en medio del Ironman de Cozumel terminé mi carrera profesional a los 60 km. de la bici, refugiándome en la ducha de mi casa (en ese momento vivía en la isla) y lloré, lloré por lo que no había sido, en ese momento no entendía que había pasado, sólo que llevaba varios meses batallando para salir de la casa a entrenar, cuando corría se me paraban las piernas y tenía que regresar caminando; años más tarde aprendí que no escuche a mi cuerpo, creyendo que por hacer más obtendría lo que soñaba, cuando debía estar haciendo menos y, finalmente, había cavado mi propia tumba deportiva.

Durante ese periodo de transición de profesional a entrenador a tiempo completo, paulatinamente, fui dándole una nueva oportunidad al deporte, ya lo he contado en otros blogs, sin embargo, para quienes no lo saben, la pandemia me dio una nueva oportunidad y fue la excusa para regresar a entrenar estructuradamente, requiriendo organización, sacrificar tiempo familiar y laboral y poniendo en el cuerpo horas de entrenamiento.

En ese momento no tenía un objetivo claro, sólo volver a competir de nuevo: ¿qué podría pasar? me inscribí al 70.3 de Cartagena de 2021 y como dicen por ahí: el resto es historia, pude cumplir con el sueño de competir en Kona, gané algunas carreras y me acerqué a mis tiempos de profesional.

Ahora la pregunta se transformó en ¿hasta cuándo?, nunca he sabido la respuesta a esa pregunta, pero tampoco quería que fuera indefinido, ya no vivo de mis piernas, sino de mi trabajo como entrenador, que es una de mis pasiones, especialmente quiero usar lo que sé y toda la experiencia que tengo para llevar a una nueva generación de atletas jóvenes hacia el alto rendimiento y esto requiere tiempo, mucho tiempo, a un niño no le puedes únicamente mandar un plan, hay que estar en el día a día, educarlo como atleta y como persona.

Sin embargo, el problema con los programas de desarrollo, es que, en Colombia, especialmente en Bogotá, es muy costoso, por dar un ejemplo: sólo tener un espacio para nadar todos los días, se puede llevar el doble de una mensualidad, por lo que la mayoría de clubes prefiere centrarse en los adultos.

Así, uno de los retos que tengo en mente y uno de los proyectos (el otro, va a requerir un poco más de tiempo y no depende únicamente de mí, sino del factor económico) que me trasnocha y me obliga a hacer un alto en el camino, para buscar soluciones o alternativas que me permitan consolidar un grupo de atletas a quienes guiar en este largo proceso, apoyándolos con todo lo que este sueño requiere, sin que esto signifique que dejaré de entrenar, simplemente el foco será otro, más bien utilizaré el deporte, especialmente este que tanto que tanto amo, para oxigenar la mente y el cuerpo y si se me atraviesa un reto por ahí, hacerlo sin presiones.

Desde ahora sé que no será fácil el día que abran las inscripciones de Cartagena 2024 y no me inscriba.

Bueno, vamos ahora sí, con el resumen de carrera:

Este año fue largo, cometí el error de iniciar muy temprano, solo descansé una semana, para seguirle el paso a los junior y élites que comenzaban su preparación hacia Juegos Nacionales y ya a mitad de año, sentía que no era fácil mantener la intensidad hasta diciembre.

A diferencia de otros años solo hice una pequeña adaptación al calor la semana previa a la carrera y, desafortunadamente, llegué con una gripa que me duro hasta el viernes, nada grave, pero me preocupo en su momento.

La noche previa a la carrera dormí bien, me levanté a las 3:30 am comí algo pequeño, corrí mis típicos 10 minutos, volví a desayunar, al baño y terminar de organizar las cosas para la carrera.

Ya en el muelle para la salida, con el permiso de muchos, logré llegar al “corral” de 25 minutos y salir de primero.

Salimos muy puntuales a las 6:15 am, arranqué fuerte y en la primera boya, error mío por seguir las indicaciones del locutor y no tener presente que era en las boyas rojas (las segundas) gire a la izquierda, rápidamente fui alertado de mi equivocación, rectifiqué y llegué de primero a las boyas de giro, voltee y el sol, como esperaba, pegó con fuerza, no se podía ver, entonces busque un punto de referencia externo y me guie por los edificios en el horizonte, ya que el resplandor del sol era enceguecedor y no había kayak guía.

A los 400 m. sentí que alguien me tocaba los pies, a lo que pensé, voy muy lento, me están alcanzando y recordé que Daniel Ortega, nadador del equipo de relevo de Garmin, había salido unos segundos detrás, un alivio pues creía que había llegado ayuda. Daniel se iguala a mi paso, pero durante 100 m. se mantiene al lado, a lo que decido apretar, para que el paso no se caiga. Finalmente, la boya de giro, volteo y veo la boya naranja al otro lado, ahora se puede ver y es cuestión de mantener el rumbo, lastimosamente, ese fue mi segundo error, esa no era la boya y solo me doy cuenta cuando una moto acuática me avisa y tengo que retornar a la boya correcta, preciosos segundos que perdí e hice perder a quienes me seguían a la distancia.

El último tramo apreté un poco más hasta salir del agua en primer lugar, seguido de Daniel, que rápidamente me sobrepasa en la corrida a la zona de transición. Hago una transición rápida y salgo a unos segundos del relevo, que me deja en los primeros metros, mientras me pongo las zapatillas, de allí en adelante, de nuevo solo, como en años anteriores, ni una moto de compañía, a excepción de las que venían en contravía.

Hasta los 20 km. todo en orden cuando el potenciómetro no quiso funcionar más, venía fallando, pero siempre se arreglaba para las carreras, pero esta vez ya no dió y me quedé a punta de sensaciones, iba marcado entre 260 y 290 vatios, que era el objetivo, por lo que traté de mantener esa sensación y el pulso por encima de 150, sin olvidarme de tomar y comer, plan que logré cumplir con 2 botellas de Isocarb de 60 gr., 1 de hidratante de 30 gr. 3 geles isotónicos de cafeína de 20 gr. y 1 liquid gel de 30 gr. Es decir, unos 100 gr. de carbohidratos y un litro por hora.

Para quienes han competido en Cartagena saben que el único punto de referencia es en el giro a los 45 km. (anteriormente a los 44 km.), y para quien va liderando es, finalmente, la oportunidad de tener noticias de lo que esta pasando atrás, aunque no de forma fiable, pues con el sistema de Rolling star (en natación arrancan 3 atletas cada 3 segundos), es imposible saber a que hora arrancaron los demás.  

Según mis cuentas estaban entre 3 a 4 minutos atrás un ciclista de colores (Emmanuel de Argentina), a quien confundí con Nicolás Uribe, luego el de verde (que si era Nicolás), y los demás, Espitia, Echeverry, Zapata, iban un poco más atrás de lo esperado. Me sentía fuerte y que podía mantener el paso, aunque el viento estaba más fuerte que el año pasado, mis parciales salían más rápido y me daban confianza en lograr la victoria. Era cuestión de no perder la concentración, ir solo liderando sin referencias, no es tarea fácil, se puede caer en un paso cómodo o pensar de más sobre si atrás vienen guardando la distancia o no.  

Transición sin problemas y la ansiedad de escuchar las diferencias, el primero que me las da con palabras de ánimo, es Víctor Hugo Peña, ¡de lujo!, me dice que 4 minutos, pero al regresar del primer giro, Nicolás y Emmanuel ya están corriendo, quiere decir que están a dos minutos físicamente y no se a cuánto realmente, pues a Emmanuel lo había visto al inicio de la natación, pero no a Nicolás.

A los 3 km. Jineth y Eduardo me comenzaron a dar parciales reales que no lograba entender, pero lo que era claro es que no iba liderando, Nicolás había salido unos 4 minutos después y estaba perdiendo con él unos 2 minutos, y no sabía si Emmanuel iba adelante o atrás.

La primera vuelta de atletismo apreté para descontar rápidamente la diferencia con Nicolás, pasando de largo un par de estaciones de agua y sin poder tomar nada del público, el calor, que siempre ha sido mi aliado, me comenzó a pasar factura, el paso se iba subiendo ligeramente y Emmanuel me venía descontando en cada parcial, había arrancado con 1:41 sobre él y en la primera vuelta estaba a 1:10, mientras Nicolás estaba a 13 segundos, pero las sensaciones no eran buenas, el paso se subía y el tiempo se hacía eterno, me tomaba los geles esperando un shot de energía, pero este no llegaba, los pensamientos negativos rondaban y trataba de alejarlos con el ánimo del público.

Al kilómetro 13, Nicolás iba a 27 segundos y Emmanuel a 38, la diferencia estaba cayendo muy rápido, hasta que en el kilómetro 15 el argentino me dio caza, Eduardo me animaba y durante dos kilómetros aguanté el ritmo, pensando en cuantos segundos debía sacarle si quería ganar. En el 18 ya no pude mantener el paso, cada curva era una aceleración y se comenzó a ir, perdiendo en esos últimos 3 km. cerca de 50 segundos.

Kilómetros que fueron agónicos, pues tampoco sabía si Nicolás iba recortando tiempo, o como yo, iba pasando penas, finalmente, última curva y rumbo a la meta, me acordé de mi promesa de sonreír, en un segundo digerí lo que había pasado y disfruté esos últimos metros, sabiendo que podrían ser los últimos en un evento Ironman. 

Felicidades a todos los participantes, a los pupilos, a sus familias y en especial a Emmanuel y a Nicolás, que me la pusieron difícil durante todo el día.

Hoy quedo a pases con el triatlón, listo para encaminar mi energía en los proyectos que les conté al inicio y de los que espero pronto poder compartirles más detalles, me toca morderme la lengua, porque de verdad es algo que me emociona muchísimo.

Me voy feliz con las muestras de aprecio y cariño y con ganas enormes de darle alegrías a Colombia, ahora a través de mis pupilos.

Gracias por haber llegado hasta aquí, por leerme, por seguirme, alentarme y aquí seguiré viviendo con la misma pasión esto que disfrutamos tanto.  

 

miércoles, 28 de junio de 2023

LA TERCERA: THE NARIÑO CHALLENGE 2023

Cada una de las versiones de The Nariño Challenge ha tenido un significado distinto, la primera fue el regreso a la competencia, la segunda, la preparación para cumplir el sueño de competir en Kona, y la tercera, la de la paciencia y la espera.

Desde hace un poco más de un año tenemos con mi esposa, Jineth, un proyecto en mente, pero diferentes factores, sobre todo el económico, no ha permitido trazar un cronograma claro para este, hemos ido adelantado algunos aspectos, pero, aún,  sin mayor claridad del calendario exacto, lo que se ha convertido, para esta pareja de psico rígidos, en una lección de paciencia.

A la espera que este proyecto se materialice, he tenido la cabeza entretenida con un nuevo reto para cerrar el primer semestre: Nariño 2023.

La preparación fue adecuada y en el camino pude hacer un par de carreras: Endurance Challenge Barranquilla y el Ironman 70.3 de Lima, pero no fue igual de intensa como el año pasado, tener un sueño, como ir a Kona, te da energía extra y te justificas para robarle tiempo al trabajo y a la familia.

Dos semanas previas a la carrera estuve con mi equipo, Tempo, entrenando en la piscina olímpica y en la ruta de Girardot a Nariño, sabía que iba a ser caliente, por lo que el campamento incluyó un par de charlas sobre estrategia de competencia y alimentación, para esta última contamos con el apoyo y conocimiento de Jean Pierre, de Enervit, quien nos aclaró dudas sobre nutrición antes, durante y post competencia.

El día de la carrera, se hizo largo, arrancar cerca de las nueve y media de la mañana, cambia los horarios de desayuno y alimentación, pero no los hábitos, así que a las 4:30 am ya tenía la primera taza de café en la mano.

Compartí carril con Cristian Moreno, Eduardo Acevedo y para mi alegría con Arturo Guzmán, pupilo de 18 años, el plan era salir controlado y mantener un paso de 1:15 a 1:16/100 m. para que el menor de los Guzmán, saliera lo más adelante posible. Primeros 25 metros y Andrés Montoya, ya me llevaba unos 5 m. pero no me afané, me pegué al plan y paulatinamente fui descontando, hasta que en los 400 m. lo igualé, con Arturo a los pies, todo bajo control, sin embrago, en el giro para completar los 500 m. pasando a Cristian y Eduardo, se queda un poco Arturo; trato de no acelerar y mantener el paso, para que Arturo regrese, se ve que lo intenta, pero ese par de metros no se acortan.

Me entra la duda, frenarme y que vuelva o seguir, pensaba si freno y lo jalo de nuevo, ¿Cómo se verá?, además recordé que en algunas carreras cuando era junior, esa era mi función en el equipo, llevar al líder del equipo a la punta, pero también al ver al paso que íbamos, 1:15, él iba a hacer un esfuerzo mayor al que teníamos presupuestado, que era entre 1:18 y 1:19, y créanme, un segundo a esa intensidad puede hacer la diferencia, entre estallarse o no. Así que decidí seguir.

Salí del agua en 23:48, 15 segundos más lento que el año pasado, pero esta vez había nadado solo, en 2022, compartí carril y el trabajo con Montoya hasta los 1000 m. cuando decidí atacar. La transición fue rápida, pero no así los primeros metros del ciclismo, me encontré tráfico en el semáforo que conecta la piscina con la vía principal, esquive un par de carros y seguí con mucha precaución esos dos primeros kilómetros, ya que no llevaba moto escolta y no llevé, hasta faltando 18 km.

Mi objetivo era hacer 2:15, un minuto más que en 2022, siendo consciente que no tenía las piernas del año pasado, me concentré como siempre en el pulso, de mantenerlo cerca a 150, cuando bajaba de 145, apretaba, casi no me fijaba en la potencia. No me sentía empujando bien, pero tampoco cansado o lento, hasta que di el primer giro en U, primero tranquilidad porque Eduardo Londoño y Arturo ya iban a 2 minutos, Jean se mantenía a 4, pero preocupación cuando vi muy cerca a Acevedo y Felipe Echeverri, unos 5 minutos, hacía cuentas en la cabeza y decía, no puede ser a ese paso me van a llegar, me han descontado como 4 minutos.

No entre en pánico, sólo me preocupe en seguir comiendo e hidratando, la segunda un poco difícil, porque por el calor había tomado más Isocarb del que tenía presupuestado y en la primera estación, aunque tome una caramañola de agua, esta venía a la mitad y caliente, tocaba administrarla para pasar los geles, así fueran líquidos. En la segunda estación de hidratación baje la velocidad para asegurarme de recibir agua, quería refrescarme, pero de nuevo media botella de agua y caliente. Nada, esas eran las condiciones para todos, y apostaba a que las decisiones, como irme con casco abierto, iban a jugar a mi favor al bajarme a correr.

Un retorno eterno hasta llegar al parcial de Sonora, del kilómetro 49 al 54 aproximadamente, el que traté de ganar, no pude, pero me ayudo a entretener y subir el paso, ahora iban casi todos los contendientes cerca y en cierto grado, yo solo y vulnerable adelante, ya que cuando no se tiene referencia de alguien al frente, es más complicado mantener el ritmo, ya sea a 10 o 12 metros (aun así tiene un efecto aerodinámico). La diferencia se acercaba a 4 minutos y medio y cuando di el último retorno al kilometro 71, vi que la diferencia ya era menos de los 4 minutos y que Felipe había reventado a los demás, menos a Jean, que lo seguía a unos 20 segundos.

En esos últimos 19 kilómetros el viento pegaba en contra, sabía que iba a ser así, que no podía fijarme en la velocidad, sino en concentrarme en bajar la cabeza y mantener la intensidad, ya la FC iba sobre 150 y luchaba por no bajarla, al kilometro llego Conejo en la moto de juzgamiento y me dio frases de aliento, un refresco después de tantos kilómetros en solitario.

Finalmente, la transición, abro la bolsa y no había piernas para cambiarme de pie, me siento, lo hago lo más rápido posible, pensando en que esta parte también cuenta para el segmento de carrera a pie y, así, ganarme los tenis, cosas que se piensan en carrera para mantener la motivación.

Arranqué fuerte, paso el primer kilometro en 3:49 y las piernas parecen responder, me cruzo con un pupilo, Diego Ospina y recuerdo que les dije: si nos vemos sonríen, así que sonrió y saqué fuerzas para animarlo. Llego a la primera estación y finalmente la añorada agua fría, que parece no bajar la temperatura, que a esa hora marcaba 38 grados, aunque la sensación térmica era mucho mayor.

En la siguiente estación cojo de a dos bolsas, pero no veo los vasos de hidratante y, no los vi durante toda la primera vuelta, si estaban, pero no los veía. Doy el giro en el kilometro 2.6 y el pie derecho se me va, los problemas de algunos tenis de carbono, la inestabilidad, siento que me hice daño en los dedos, pero no hay tiempo para lamentarse; a lo lejos veo a Felipe, calculo el tiempo y son 4 minutos, quiere decir o lo mantuve en la bici en los últimos 30 km. o le aumenté en estos kilómetros de trote.

Paso de nuevo por la báscula, Juan me grita la diferencia, 3 minutos con Felipe en la transición, eso me tranquiliza, quiere decir que le aumente entre la transición y los primeros 3 km., luego veo a Jineth, que me pregunta que quiero (en esta carrera está permitido pasar bebidas y comida en el segmento de carrera), recuerdo que tengo hidratante en una botella, pero no iba a alcanzar a pasármelo, así que grito que Coca Cola, muy temprano para tomarla, pero necesitaba saborear algo.

Además el pasar por la báscula era como un oasis, tanto por los gritos, como por las familias y equipos que, sin distinción, pasan agua, hielo y dan ánimo, especialmente ver a mi equipo corriendo de lado a lado, los pupilos que ya habían cruzado su meta y con medalla puesta  siguieron marcando PR para darnos lo que tuviesen a la mano, gritarnos y ayudarnos a llegar a la meta de la mejor manera posible.  

Siguientes kilómetros en control, bajé el puente para llegar al retorno, que hago con cuidado para no lastimar el pie y me doy cuenta que no está bien medido, que por más que me griten PR, no va a ocurrir, serán 23 largos e interminables kilómetros.

Reviso de nuevo la diferencia y mantengo los 4 minutos con Felipe y he ganado tiempo sobre Jean, las fuerzas aún están, a esta altura, ya me he tomado 2 de los 3 geles de 30 gr. que tenía presupuestado y me queda el de cafeína.

De nuevo por la báscula, Jineth, las niñas, los pupilos y acompañantes del equipo me vuelven  a apoyar, última vuelta, toca cerrar esto.

A los pocos kilómetros las piernas comienzan a pesar, el paso se sube, ni el gel de cafeína aliviana la carga, estoy entrando en crisis, giro a los 15 kilómetros, hago cuentas y Felipe me ha descontado unos 15 segundos, ese escenario no estaba en mis cuentas, los siguientes 2 kilómetros son de lucha mental, ya quiero terminar, pero de nuevo el ánimo del equipo me da energía, recuerdo que es sólo dolor, que esto terminará pronto y que tengo un colchón de tiempo suficiente, así que me pongo como meta no perder el parcial de carrera, si son sólo unos tenis, pero es mi parcial, debo ser el mejor corredor, así como en la natación que no la premian, pero que siempre quiero ganarla.

A los 16 km. Diego Ruíz me pasa un gel, la energía vuelve, recuerdo que ya lo he hecho antes en competencia y en entrenamiento, me repongo, y acelero. Último retorno y Felipe se mantiene en el tiempo, debo acelerar y lo hago, me pasan hielo y una botella helada, que me refrescan del calor infernal que esta haciendo a medio día.

No espero al último kilometro para acelerar, porque sé que ese parcial de Adidas, último km., no lo voy a ganar, ni lo quiero disputar, porque prefiero tomarme unos segundos y pasar con mis hijas en los brazos, pongo esa imagen en mi mente y a fondo hasta la meta, donde me esperan emocionadas, Martina y Macarena, para cruzar, por tercera vez, en primer lugar, la línea de meta. Que alivio¡

Agradecido con el resultado, con mi esposa por seguir apoyándome en estas locuras y por vivirlo intensamente. Muchas gracias a Sergio, Nathy, Juan y todos los organizadores de Nariño, saben que llevo esta carrera en el corazón y por eso vuelvo. Gracias a las familias de todos los participantes, sin ustedes habrían muchos DNF y a quienes me apoyan como Gio de Paramo y Jean de Enervit.

Como siempre cuando me siento a escribir estos blogs intento hacer un análisis profundo tanto de la carrera, como de la preparación, esta vez la lección fue ¨confiar¨ en lo que soy como atleta, más allá de la indumentaria y los elementos, durante las últimas semanas al rodar con el equipo, veía como algunos me superaban con sus bicis de última tecnología, con ruedas de disco y me entraban dudas, pero si comparo mis datos de 2021 y 2022, con los del sábado pasado me doy cuenta que baje cerca de 24 vatios en el promedio y la potencia normalizada y promedie 3 pulsaciones menos.

Muchas veces nos fijamos en las situaciones externas cuando la solución sólo está en el interior, seguramente para ver algo de los números del pasado tendré que organizarme mejor, por ejemplo, sacrificar una sesión de natación y reemplazarla por bici, este año he disfrutado mucho nadar y teniendo fácil acceso a la piscina, le he dado prioridad (Gracias Javier y familia).

De nuevo al día a día, a seguir trabajando y entrenando, para preparar las siguientes carreras, que por ahora serán: Topman, Golden Challenge y Ironman 70.3 Cartagena, mientras espero que se acelere el proyecto que me viene quitando el sueño.

jueves, 15 de diciembre de 2022

CARTAGENA 2022: ME ALCANCE A METER A LA FIESTA


La previa al Ironman 70.3 Cartagena estuvo llena de suspenso, no fue que se me ocurriera competir a última hora, al iniciar el año y planearlo, Cartagena estaba incluida en el calendario, pues previo a la apertura de inscripciones una de las marcas patrocinadoras del evento me ofreció la entrada a esta y otras carreras, sin embargo una vez se cerraron las inscripciones me informaron que no había sido seleccionado; en el momento no le día mayor importancia y el tiempo pasó sin que hiciera mayor cosa por la inscripción, pues el gran foco del año era Kona.

A mitad de año me ofrecieron, por parte de la organización, una entrada, si promocionaba un evento, al instante dije que sí, pero apenas terminé la llamada y le conté a mi esposa, me hizo caer en cuenta que tenía un evento esa semana y que serían dos viajes muy cercanos, en el mes previo a Kona, por lo que desistí de la entrada al siguiente día.

Al llegar del mundial y sintiéndome en buena forma para llegar a Cartagena me puse intenso con la consecución del cupo: con patrocinadores del evento, Federación, operadores, pero durante 3 semanas ninguna puerta se abrió, aún cuando recibí miles de mensajes, todos con muy buenas intenciones, donde me cedían o vendían sus inscripciones por diferentes motivos: desde lesiones, embarazos, accidentes e incluso de fallecimientos me enteré, sin embargo la política del evento no permitía ni cambiarlo de año, ni de nombre.

El año siguió pasando y aún sin inscripción, continué entrenando sin perder la esperanza, baje un poco las cargas, dirigí con Tempo y TNC el TriCamp y espere, hasta que, finalmente recibí una llamada de Daniela de Powerade, quien me dio la buena noticia: tendría un cupo en la carrera y con un poco menos de 4 semanas para el Ironman 70.3, fue momento de replantear el entrenamiento e intentar llegar en la mejor forma a la línea de salida, aunque no dejaban de cruzarse por mi cabeza muchas preguntas: ¿ es buena idea empujar tanto por algo ante tanta negativa? ¿será que el de arriba me está tratando de cuidar de algo?

Finalmente, a Cartagena viaje con mi esposa, Jineth, dejamos a las niñas con los abuelos, prometiéndoles un par de días de sol a nuestro regreso, aunque ya en la heroica, fue imposible no sentir nostalgia y vacío al no tenerlas al lado, aunque su energía logró viajar kilómetros en un video que la mayor (Martina) nos envió, me llenó de sentimiento y motivación para la carrera.

Para no alargar la historia, ese día me ubique en la primera línea de salida y faltando 5 minutos, se nos acercó Tony Lugo, el animador del Ironman, quien nos dijo: “pongan atención, porque si ustedes se pierden, 1800 se van a perder” y nos dio las indicaciones de último minuto de la natación, en ese momento me preguntaba: ¿será que no leí bien la guía del atleta?, no recuerdo que la natación tuviera esos giros.

6:25 am, 10 minutos después de la hora estipulada, dieron la partida, a los 50 m. ya me había alcanzado Juan Manuel Morales, del relevo ganador, medallista de oro en Juegos Suramericanos en 10 km. aguas abiertas y recordista nacional, y sus títulos se sintieron, ni 25 m. pude aguantar a sus pies. Luego de zigzaguear los primeros 200 m. para cumplir con el recorrido, se comienza a nadar en contra del sol, al principio podía ver a Morales a la distancia y tenía una referencia, pero luego, sin kayak acompañante ni guía, tuve que parar en varias ocasiones, levantarme las gafas y revisar si estaba siguiendo el recorrido, hasta que pude fijar un edificio como punto de referencia para nadar derecho. En el regreso fue más tranquilo, hasta los últimos 300 m. cuando el recorrido se vuelve confuso, ya que, en las indicaciones previas, nos habían dicho que solo había un giro a la izquierda, al inicio, pero no era así, tocaba salir de la línea en que veníamos nadando, girar a la derecha y luego en la boya a la izquierda, para buscar, literalmente buscar, la salida, que apenas tenía un par de banderines azules, difíciles de identificar porque se confundían con el fondo.

Salí del agua sobre los 25 minutos y que sensación tan increíble escuchar los gritos y la barra en el camino hacia la transición (recomendación para la organización: no sobra un tapete en este trayecto, para evitar las caídas), tomé la bici y salí disparado hacia la calle, cuando de frente me encontré con un juez extranjero quien me comienza a hacer señas y se me cruza en el camino, trato de esquivarlo, pero él sujeta y hala mi manubrio, quitándome el punto de apoyo y mandándome contra la valla, en ese momento todo es confusión, me grita que el número, le muestro el de la bicicleta y como puedo sigo mi camino, hasta que escucho “helmet number”, caigo en cuenta que el visor del casco esta arriba y tapa parte del número, miro hacia el juez, retiro el visor del casco, le hago señas que el número está allí y continuo.

Los primeros kilómetros fueron una mezcla de incertidumbre y rabia, pensaba en lo que había sucedido, si de alguna forma había cortado el recorrido y me iban a descalificar o si cuando llegara a la T1 me iban a penalizar por la reacción que tuve, quería preguntarle a alguien si todo estaba bien, pero al igual que en la natación iba absolutamente solo, ni un juez, ni un policía, todos estaban con el “líder” de la carrera, el relevo. Al pasar por las primeras dos estaciones los voluntarios no estaban listos y a pesar de avisarles, al pasar por el frente de las estaciones no pude recibir nada de nada.

En el kilómetro 35 llegó una moto de prensa a quienes les pedí me acompañaran hasta la siguiente estación de abastecimiento, porque ya necesitaba recargar, ellos amablemente me siguieron y avisaron en la estación de abastecimiento. Al girar, tome referencias y tenía sobre David Zapata, que había comenzado la natación conmigo, cerca de 3 minutos, así que me enfoque en no relajarme de vuelta, ya que, con el viento a favor, es más fácil caer en la trampa de no empujar y siempre será complicado mantenerse motivado yendo solo por más de 2 horas.

Lo que más añoraba era terminar el ciclismo, no tener ningún desperfecto mecánico y correr por la mágica ciudad amurallada, abarrotada de gente y de gritos, el trote puede ser lo más duro, pero el tener estas condiciones de fiesta, es espectacular y es lo que me hizo insistir en correr de nuevo en Cartagena, esa atmósfera es única y como dice el comercial, te da alas.

El trote me lo goce de principio a fin, era la disciplina en la que más me tenía confianza, a pesar que en las últimas semanas no estaba haciendo los mejores tiempos, cuando podía chocaba las manos de quienes las extendían a mi paso, sonreía y aceleraba en cada curva. Uno de los objetivos era bajar de las 4 horas, en el reloj solo llevaba el tiempo del parcial, no del total, hasta que, faltando 2 kilómetros, revisé el tiempo y no iba a cumplir con este, ya no había ningún afán sino disfrutar, mantener el paso y llegar a meta.


Para quienes gustan de los números, estos son los de mi reloj, no de la aplicación: en natación en 2021 nade a un paso de 1:20 y este año en 1:22, en entrenamiento me sentía mucho más fuerte que el año pasado y había tenido la oportunidad de nadar más, pero la confusión en el recorrido y las paradas, hicieron mella. En el ciclismo me demoré 4 minutos más, en 2021 las condiciones fueron muy favorables, de ida el viento fue mínimo y de regreso ayudo, mientras que este año, los primeros 20 km. el viento fue más fuerte, y aunque el regreso fue más rápido, no alcanzaba a compensar. En 2021 mi pulso promedio fue 148 y la potencia normalizada 276, mientras que, en 2022, fue el mismo pulso con una potencia normalizada de 255, pero desde que arreglé el potenciómetro, hace un par de meses, está marcando cerca de un 5 a 7% menos que antes, comparando con el simulador, al parecer ahora si está bien calibrado y, con esa diferencia, sería muy similar a 2021. En el trote me subí 55 segundos y el pulso promedio paso de 156 a 158, pero me sentí con más fondo y en mayor control.

Esta comparación para decirles que no se maten la cabeza con los números, las condiciones nunca serán las mismas, calor, viento, motivación, entrenamiento, sino que disfruten del proceso y de la carrera, en mi caso en 2021, tuve un bloque de 9 semanas entre el Ironman de Texas y Cartagena, y esta vez fueron 8 semanas, en 2021 al tener la certeza que iba a competir, la programación fue más acorde que en el presente año.

En cuanto a 2023, tengo varios objetivos laborales y el camino comienza a tener algo de claridad, una de las opciones ya no la veo viable, pues desde el 8 de noviembre presenté un proyecto para el desarrollo del triatlón colombiano, que contiene 10 ejes y el cual quería exponer, pero la Federación no ha abierto el espacio para hacerlo, a pesar de la insistencia. El otro objetivo es continuar con el proyecto de desarrollo de Tempo, que en resumen es crear un equipo infantil y juvenil de triatlón, para que se destaquen a nivel nacional y lleguen al rendimiento, así que, si sus hijos, sobrinos, familiares o amigos están interesados, no duden en llamarme. De la mano hay otros objetivos más ambiciosos, pero como cábala prefiero trabajar en silencio y cuando sea el momento darlos a conocer.

Como atleta aficionado aún no he organizado el calendario de competencias, posiblemente competiré el 70.3 de Lima y algunas carreras del calendario nacional.

Para terminar este blog quiero aprovechar para agradecerle a todos quienes me siguen, estoy demasiado agradecido por tomarse el tiempo de leer mis historias, por los mensajes, llamadas y palabras de la comunidad del triatlón colombiano en cada uno de los eventos que participe este año y en los entrenamientos, donde varias veces me cruce con muchos de ustedes y nunca les faltaron palabras para alentarme y animarme, mi retribución por todo su cariño será continuar trabajando por el desarrollo del triatlón colombiano, desde la esquina en la que me encuentre, con todo el amor y la pasión que tengo por este deporte.

Gracias también a mi familia por disfrutar a mi lado del deporte.

Hasta la próxima y ojalá en 2023 los profesionales tengan cabida en Cartagena, ya que es la vitrina más grande que tienen los atletas colombianos para conseguir algún tipo de patrocinio y espero que no sigan desapareciendo las pruebas con premiación en efectivo del calendario nacional.  

A todos feliz descanso, disfruten las fiestas….

Feliz navidad y que 2023 esté lleno de metas por trabajar y cumplir.



jueves, 16 de diciembre de 2021

IRONMAN 70.3 CARTAGENA: LA FIESTA DE TODOS




 

Ironman 70.3 Cartagena es sin dudas el triatlón más importante del país, había estado desde la barrera en tres oportunidades y, siempre, observaba como se vivía una fiesta para los triatletas y espectadores, esta vez no fue la excepción.

Hace una década era impensable un evento Ironman en Colombia y eran pocos los eventos en Latinoamérica para competir, el calendario se reducía a México y Estados Unidos, por lo que las carreras en el área eran más competitivas.

Esta pequeña introducción es para agradecer a los organizadores del Ironman 70.3 Cartagena por traer un evento, de esta talla a Colombia, pero con el mejor ánimo constructivo quisiera invitarlos a pensar en la importancia de los deportistas profesionales.

Sé que Wilber Anderson, organizador de Cartagena, cuando producía eventos en Miami y en otros países, como el MIT y el Ironman 70.3 Miami, le apostaba a que fueran los mejores a competir en sus eventos, entre ellos campeones mundiales como Bozzone, Cave, Raelert, Kienle, entre otros. Esto le daba estatus a la carrera, atraía patrocinadores, espectadores y atletas. Por el otro lado, también conozco que su socio, Edwin Vargas, fue atleta élite y sabe lo complicado que es hacer esto como profesión.

Para no ir muy lejos este año en Cozumel se ganaron la lotería teniendo, nada más y nada menos, que, al Campeón Olímpico, Christhian Bluemmenfelt, oportunidad que desperdició Texas, nunca se sabe quién pueda aterrizar en cada evento y Cartagena y Colombia merecen seguir siendo una gran vitrina.

Desconozco la razón para no incluir a los profesionales en esta edición, sé que tuvieron un comienzo difícil en 2016, cuando los líderes se perdieron y los organizadores debieron asumir su responsabilidad realizando dos premiaciones en efectivo, para quienes completaron la mayor parte del recorrido de carrera y quienes hicieron la mitad del recorrido, sin embargo, le siguieron apostando a los profesionales hasta 2019.

El domingo al escuchar a David Guete animándome (3ro en 2016 en una de las clasificaciones y 7mo en 2019), no podía parar de pensar que él debería estar corriendo y aprovechando la gran ventana que es el Ironman para así poder conseguir apoyos y continuar creciendo y dejando el nombre de Colombia en alto por el mundo.

De la misma forma otros atletas élites colombianos como Diana Castillo, quién ganó en 2017, Carlos Quinchará quién ganó el “corto” en 2016, Rodrigo Acevedo 3ero en 2018 o Alejandro Guzmán que no ha podido debutar como profesional, ya que no hay eventos en el área para los profesionales o los pocos que habían se cruzaron con los compromisos de sus Ligas y debieron conformarse con seguir el evento desde la casa o desde el andén, como David y Rodrigo, mientras que los grupos por edad nos robábamos los aplausos y en esta nueva era de influencers, los likes.

No estoy menospreciando el esfuerzo de los amateurs, su mejoría en los últimos años ha sido increíble y muchos de ellos han demostrado mayor constancia y mejores resultados que, incluso, algunos élites nacionales, lo que como Seleccionador Nacional me preocupa, pero me motiva para alentar a los entrenadores regionales a trabajar con mayor dedicación y pensar en metas ambiciosas, más allá de conformarse con cumplir con su instituto departamental de deportes cada cuatro años en Juegos Nacionales. Bueno, ahora si a la carrera…

De manera general la preparación entre el Ironman Texas y Cartagena fue buena. Dispuse de más tiempo para entrenar, los viajes de trabajo me permitieron seguir el plan o me adapté para poder hacerlo, eso sí, con una que otra locura, como salir del Aeropuerto de Palmira en una escala hacia Bogotá y correr por la carretera media maratón, pasarme unas toallitas húmedas y subirme al avión, para estar de regreso con mis princesas, a la final esta y todas mis locuras, especialmente en aeropuertos, no resultan un sacrificio o un castigo, prefiero mil veces correr sin agua, al sol del medio día, que sentarme a esperar en un aeropuerto.

El día de la carrera llegó sin mayores incidencias, el arranque era rolling start pero, esta vez, quería salir de primero del agua, así que esperé juicioso los más de 45 minutos en fila, que gracias a los demás participantes y sus historias se pasaron rápido. Salté de primero al agua y en el siguiente turno salieron los nadadores de los relevos, algunos de ellos ex nadadores de selección Colombia. Mi idea era pegarme cuando me pasaran y así sucedió apenas a los 100 m., Julio Galofre me alcanzó e inmediatamente fui a sus pies, sin embargo, la adrenalina me empujó a pasar a su lado y luego a partir, para buscar la punta en solitario, que pude mantener hasta el final de la natación.

Hice una transición rápida, quería seguir en punta el mayor tiempo posible, ya no era una sorpresa querer liderar de principio a fin, tal como había sucedido en el Nariño Challenge o en el Ironman Texas, esta vez era el plan de carrera.  Creo que liderar genera unas ventajas extras: escuchar al público, las sirenas de las motos y ver el carro líder mantiene la adrenalina alta, pero, en mi caso, saber que nuevamente Jineth y las niñas estarían en el kilómetro 3 del ciclismo, aceleraba el corazón y las piernas.

Pasaban los kilómetros y no me alcanzaba el relevo (que en mi opinión le quita el protagonismo a la carrera de todos los participantes que lo hacen de manera individual), hasta que fui alcanzado en el kilómetro 26. De ahí en adelante fui yo con mi soledad, pues el carro, las motos y los jueces se fueron con él, pero eso no me quitó la motivación, sabía que esto iba a pasar y ¨lideré¨ más de lo esperado.

Tenía algunos números en mente: promediar 265 vatios y 155 de pulso. El potenciómetro no bajó de los 300 vatios, hasta casi la mitad del ciclismo, que en esta ocasión fue más rápido porque el viento fue leve, todos estos números me sorprendieron, pues durante la preparación las sensaciones no eran las mejores, en contraste con la natación y la carrera a pie. Una vez en el retorno revisé la distancia y marcaba 44.2 km y me dije “bueno esta vez fue más corta”, lo cual no era cierto, los años anteriores también habían sido 88.4 kilómetros de recorrido de ciclismo.

De ida promedié 40 km/h., 150 ppm, 282 vatios y 288 de normalizada,  de vuelta fue más controlado, pero con la ayuda del viento y las bajadas registré: 41.3 km./h., 145 ppm, 253 vatios y 262 de normalizada, así que de regreso hacia la T2 la preocupación fue hidratarme bien, terminar la comida e intentar consumir entre 350 y 400 calorías por hora, para probar si era capaz de aumentar esa ingesta, como ejercicio para futuros eventos.

Entré a la transición y sentí ganas de orinar, lo que de cara al clima que se avecinaba, me mostró que había cumplido con la tarea de hidratarme mucho mejor que en otras ocasiones. No quería parar en el baño y mucho menos mojar los tenis, ya lo he hecho antes y no es buena idea, especialmente cuando toca empacar, así que corrí un poco más lento con la bicicleta en la mano mientras orinaba y en la transición me eché agua encima, esta vez fui muy divo, jajaja.

Salí a correr y lo primero que pregunté fue la diferencia con quienes venían atrás, pero nadie la sabía, el tracking de la aplicación estaba fallando, pero por mi tiempo acumulado,  asumí que debía tener buena ventaja.

Corriendo me sentía como en los bricks que había entrenado, muy fuerte. Estaba compitiendo por primera vez con tenis con suela de carbono y sentía como me ayudaban a despegar rápido del piso, lo que no sabía, pues sólo los había usado unas cuantas veces en Bogotá, era lo inestables que iban a ser en las curvas y la superficie de ladrillo y adoquines.

Así seguí corriendo, sin embargo, uno de los miedos previo a la competencia era perderme en el segmento de carrera pie, lo había vivido como entrenador de Quinchará y Guete en 2016 y nuevamente con Guete en 2018, por lo que los días previos revisé el mapa una y otra vez, intentando memorizar cada curva, afortunadamente, desde que salí a correr tuve una bicicleta guía, quién además de señalarme el camino, corregía a los espectadores y les avisaba que no iba de segundo, sino de primero en la individual, lo que me daba cierta alegría y risa, al mismo tiempo.

En el kilómetro 5 me crucé con Juan Aristizábal, quien me dijo que la diferencia era 7 minutos, que de vuelta aumentaría a 8, tiempo tomado manualmente y que no tenía en cuenta que yo había arrancado antes, pero que era suficiente para darme calma y seguir pensando en correr a un buen paso, pero sin estrés, pues sabía que tenía el tanque para aguantar.

La primera vuelta se pasó rápido y la segunda realmente la disfruté, traté de sonreír a todo aquel que me hacía barra, de animar si me salía la voz y de mantener un buen paso para bajar de las 4 horas, pues por intentar hacer más, terminé bloqueando el reloj y no sabía el tiempo total, sino sólo el de carrera a pie. A los 16 kilómetros me dijeron que tenía unos 10 minutos de ventaja y, de allí a la meta, lo disfruté aún más, porque sabía que nuevamente me iba a encontrar con mi familia en meta e iba a tener tiempo de darles un beso y, emocionado, lo hice, las besé y crucé la meta con la satisfacción de haberlo dado todo.

Después de la carrera mis amigos cercanos me molestaban porque les dije que no me sentía del todo conforme corriendo con atletas que tenían trabajo, hijos y no tenían todos los kilómetros que yo me había metido desde niño, pero no era de sobrador, ni más ni menos, es mi naturaleza competitiva: realista, exigente, de darme duro, a la final Jineth en su sabiduría me dijo: “claro que se te ve fácil, pero no era para nada fácil pararse a las 4 am, rendir en el trabajo, seguirle la cuerda a dos niñas pequeñas, cumplir con las cosas de casa y, además, sacar adelante todo el entrenamiento, disfrútalo, porque todo lo difícil lo hiciste antes de pararte en la línea de salida.”

Esto sólo para decirles que, si hacen esto por salud, por amor al deporte, por hobby, el puesto debe ser secundario, porque el único rival a vencer es usted mismo. El rival es la persona en el espejo, la que madruga y hace peripecias con su tiempo para cumplir con sus metas, al mismo tiempo que saca adelante todas las obligaciones de la vida real.  No se pueden sentir menos porque les gana alguien, un conocido, amigo o compañero de entrenamiento y, mucho menos deben compararse  con otros que han tenido otras oportunidades, que conocen este deporte desde hace mucho o con atletas que, a pesar, de llamarse amateur, tienen la oportunidad de entrenar en cualquier momento del día, sin tener que cumplir un horario de oficina, que viven del triatlón y que su trabajo es entrenar, comer, recuperarse y trabajar en sus redes.

Felicidades a todos los que se pararon en la línea de salida del Ironman 70.3 Cartagena, la recompensa está en la tranquilidad de sus corazones.  Haber llegado ahí fue un gran reto y terminar la competencia, sin importar el resultado, todo un privilegio.

Ahora sí que vengan los buñuelos y la natilla!

Por último y para culminar quisiera invitar a los organizadores a proponernos dos tareas en aras de que este evento y el triatlón en Colombia sigan creciendo:

1.       Abrir las puertas a los deportistas profesionales o élites, pues necesitamos una Mariana Pajón o un Nairo Quintana del triatlón, para que este deporte realmente despegue hacia el alto rendimiento en Colombia.

2.       Invitar a las marcas y patrocinadores a apoyar no sólo a quien tenga más seguidores en Instagram, sino a quienes demuestren resultados en los procesos de desarrollo y rendimiento, a la final el aficionado termina creyendo en quien rinde y da resultados, aun cuando compre e invierta en su propio material, que en quien promociona un producto, sólo porque recibe un incentivo por hacerlo.

Me pongo a disposición para aportar mi experiencia en beneficio del deporte que amo.