Complicado arrancar a escribir un blog de una carrera que sucedió hace dos
meses, más cuando se acaba de terminar el 70.3 de Cartagena… Espero que no se
me crucen las historias.
En realidad, hacer un Ironman no estaba en ningún plan, en noviembre de
2020, me inscribí a Cartagena, por ser el triatlón más importante de Colombia,
porque con toda la incertidumbre por la Covid-19 parecía que era un evento fijo
y se podían hacer planes con tiempo, además de la facilidad de competir en el
país y que mi familia me pudiera acompañar.
Con ese
objetivo en mente 2021 inició y continué entrenando, aprovechando el empujón
que me había dado la pandemia; ya a mitad de año, pude competir en el Nariño
Challenge, carrera que me gocé de principio a fin y que despertó el hambre por
competir. En medio de la premiación y sin pensarlo mucho dije a mis 40 años quiero
correr un Ironman de nuevo, finalmente nunca quise retirarme con una tarea
inconclusa (Mi último Ironman en 2014 me retiré no sólo del evento sino del
deporte).
Después de
anunciarlo, Sergio Gómez, organizador del Nariño, en su estilo miro a Jineth,
mi esposa, y dijo algo como “ya veo a Jineth teniendo un déjà vu”, también la miré, y entendí que una vez más y, como siempre, me
iba a apoyar, sabiendo que no iba ser fácil balancear trabajo, familia y
entrenamiento.
Desde ese
mismo momento el día a día se transformó para para seguir cumpliendo con mis
responsabilidades laborales, lo que significó madrugar para entrenar primero
que los pupilos, o esperar para entrenar después o en ocasiones colarme en los
fondos de ciclismo, transición inmediata y estar para mis hijas, intentando
desconectarme lo que más pudiera del celular para completar algunas labores
administrativas y de planeación que conlleva ser seleccionador nacional de
triatlón y entrenar a algunos atletas de grupos por edad, quienes también
buscan ser su mejor yo y están buscando su propio balance.
Las semanas
previas, al igual que antes del TNC, tuve viajes de trabajo, que con ajustes y
algo de flexibilidad supe sortear. Finalmente viajamos a Texas con mi familia y
tuve la oportunidad de visitar a mi cuñada, su esposa, al negro y su familia,
quienes se encargaron de armar una tremenda logística para ayudarme con las
niñas y todo el tema de organización previa a la carrera, que cómo ustedes saben
o se imaginan puede ser complicada, especialmente, en un Ironman.
Mi estrategia
de carrera era simple, no arrancar de primero en natación, sino salir a los 4 o
5 minutos que iniciara el rolling start (no es salida masiva, sino que
salen 3 atletas cada 3 segundos), para aprovechar mi fortaleza en natación y,
así, salir del agua acompañado y no rodar en solitario, pero calcule mal los
tiempos. Estaba quedándome en Houston a unos 45 minutos del lugar de carrera,
me perdí y terminé parqueando muy lejos, por lo que tuve que caminar/correr
durante unos 20 minutos para llegar al parque de bicicletas, y de allí debía
correr nuevamente hasta donde iniciaba la prueba, que estaba a unos 2 km.
Finalmente llegué, fui por última vez al baño, y me adelanté lo que más pude en
la fila de inicio, tanto que no calcule bien, y salí sólo 2 minutos atrás de
los primeros.
Comencé a
nadar a un ritmo moderado, mientras entraba en calor y pasaba gente, hasta que
a los 800 m. alcance al primer grupo, unos 10 atletas, y a los 1200 m. al
líder, y desde allí fue un monologo. Continué a un paso moderado, por debajo de
mi umbral, entre 150-160 pulsaciones por minuto. El recorrido era un rectángulo de 2500 m. y de
allí se debía girar hacia la derecha a un canal por 1300 m. Terminando el rectángulo
comencé a sentir una molestia en el flexor de la cadera, yo pateo únicamente
con la pierna izquierda, y este se estaba cargando porque llevaba mucho tiempo
sin nadar en aguas abiertas por tanto tiempo, adicionalmente el agua del lago se
sentía pesada, lo único que pensé en ese momento fue que ya a mitad del
ciclismo ni me iba a acordar de esa sensación, así que ¨solo mantén el paso¨.
Al salir del rectángulo y girar a la derecha, el sol era tan brillante y
directo, que me perdí por unos pocos metros y le tuve que decir al voluntario
del kayak que me guiara hasta el canal.
Apenas entre
al canal, fue una alegría ver a la negra, Sonia la hermana de Jineth, corriendo
al lado y gritando, pues sabía que estaba grabando para enviarle los vídeos a
Jineth, quien estaba pegada del celular esperando en la casa, para llegar al
atletismo, el evento es demasiado largo para tenerla a ella y a mis dos chiquis
(5 y 1 año) esperando en el lugar de carrera.
El salir del
agua fue emocionante, escuchar al locutor, el mismo que alguna vez me había
nombrado cuando era profesional, decir mi nombre completo, junto a la palabra
líder. Hice una transición rápida, me monté en la bici y, fue la primera vez
que pensé en ganar, que debía administrar las fuerzas y ser inteligente, que
era más importante ganar, que el tiempo de carrera, finalmente esto es
triatlón, el tiempo es algo secundario si se llega en primera posición.
Hablando de
porque iba en primera posición, hago un paréntesis para contarles que cuando, a
mitad del año, decidí inscribirme a Texas, con la idea de correr Kona en mi
cumpleaños número 40, aún no se sabía si habría profesionales, lo escogí porque
tenía donde llegar, viajar a Houston no es tan costoso, era de los pocos
Ironman que aún no estaban vendidos, coincidía con mi cumpleaños y no se
cruzaba con ninguna carrera de la Selección Colombia, es decir todo se había
alineado de manera perfecta.
Volviendo a
la carrera, el ciclismo no era el mismo que había hecho en 2013, este era
plano, rápido y aburrido, comenzaba con una ida y vuelta, donde pude ver por
primera vez al segundo, le llevaba cerca de 5 minutos, no recuerdo bien, y a
los 25 km. se entraba a la autopista y se hacían dos vueltas de 65 km.
aproximadamente, donde de ida el viento era en contra y de regreso a favor, aquí
mi estrategia fue ir por pulso y no por vatios, al ser tan largo, la lucha era
no bajar de 145 pulsaciones e iba a un promedio de 260 vatios, cumpliendo esto
durante la primera vuelta. En la segunda vuelta llevaba una diferencia de unos
7 minutos, así que nuevamente pensé que prefería ganar sobre el tiempo, y me
regule un poco, y, finalmente, en el último regreso ya con el viento a favor,
fue complicado concentrarse y no caer en la comodidad, así que me enfoque en
subir de 140 pulsaciones, sin embargo, el promedio de pulso fue 135, y por lo
tanto también bajo la potencia, unos 220 vatios.
El bajar el
esfuerzo se convirtió en parte en estrategia, pues si seguía empujando podía
ganar de 3 a 5 minutos, pero si me pasaba, podía perder eso y más en un sólo
kilometro de carrera a pie, que siempre fue mi talón de Aquiles, en el Ironman.
Cuando era profesional, siempre me fue mejor en 70.3 qué en el full, ya que la
segunda mitad del atletismo, me moría, no podía mantener el paso, en gran
medida por mi técnica de carrera, salto mucho y tengo una cadencia demasiado
baja, es decir corro a fuerza, y por más que lo trabajé, al igual, que el
baile, no pude mejorarlo, y por otra parte porque aún no había corrido
suficientes Ironman.
Después de 4
horas y 41 minutos toqué tierra, y sentí como el calor y el cansancio me
asechaban, tampoco fue buena idea el casco cerrado para un full, pero como me
dio por verme bien, sobre la comodidad, la iba pagando, la cabeza se sentía
como en una burbuja. Mientras me cambiaba recordé que el primer kilometro
siempre sale solo y que debía frenarme, no emocionarme y ser conservador,
tratar de extender esa sensación el mayor tiempo posible, y pensar en el
kilometro a kilometro y no en todo lo que faltaba.
Salir de la
transición y ver por primera vez a las niñas y a Jineth fue emotivo, al igual
que pasar por el primer control de tiempos y saber que mis amigos y pupilos que
seguían la carrera se iban a alegrar al saber que iba liderando. El recorrido son
tres vueltas, es bastante trabado, caliente y por partes muy solitario, aunque
por el camino varios latinos me apoyaban y se emocionaban al ver a un
colombiano en punta. La primera vuelta estuve en control, corriendo parejo
entre 4:10 y 4:20/km. En la segunda vuelta el paso se comenzó a subir
paulatinamente, y sólo pensaba en pasar de nuevo por donde estaban mis amigos y
familia, por el gusto de escucharlos animarme y también saber las diferencias,
al bajarme a correr llevaba cerca de 7 minutos y en la primera vuelta me habían
recortado 1 minuto, 6 minutos parecen mucho, pero en un Ironman, basta con
caminar para perder, cualquier diferencia, en un par de kilómetros, además
había tenido un par de kilómetros a paso cercano de los 5 minutos, que si no
aceleraba me podían alcanzar, digo podían, en plural, porque eran tres quienes
habían estado turnándose el segundo puesto.
Fue salir
para la tercera vuelta cuando las piernas no quisieron seguir, se pararon en un
pequeño falso plano, y la cabeza comenzó a dudar, a pensar “bueno un segundo
puesto no es malo…”, pero luego reaccionaba y me decía: “no pude haber liderado
por más de 7 horas y media, para botarlo todo en la última hora” y volví a
correr, entre el kilometro 29 y 34 tuve varias crisis, y trate de caminar sólo
en las estaciones de hidratación, para reabastecerme y refrescarme para bajar
la temperatura, hasta que algo dentro de mí dijo “es sólo dolor, es temporal,
se va a acabar en algún momento y tus hijas te esperan para verte cruzar la
meta en primer lugar”.
Así que hice
lo que nunca antes había hecho en un Ironman y fue reponerme y comenzar a
acelerar, cada kilometro era eterno y en momentos quería ver a los conocidos de
nuevo y en otros no, pues no quería verbalizar que me sentía mal,
afortunadamente ellos se fueron a esperarme a meta. En el último giro en U,
faltando 1 km. a meta, del afán me devolví antes, y tuve que retornar de nuevo,
no más de 15 m., pero dolieron. De regreso alcance a ver al brasileño, quien
había dejado al estadounidense, estaba a unos 7 minutos atrás, así que me
dedique a disfrutar de ese último tramo.
Entrar al
túnel de meta fue indescriptible, buscaba a mi familia, pero era tanta la gente
que no los vi, lo que si vi fue esa cinta blanca, era mía, era de todos
aquellos que me apoyaron con mi trabajo, entrenamiento y que con palabras y
hechos me habían hecho la segunda para cumplir este sueño aplazado, clasificar
a Kona.
Cuando me retire
en 2014, pensé que nunca correría en Hawaii, desde niño había visto todos los
mundiales, todos los directos, sabía quién había ganado, y sobre todo quién
había liderado la natación, hacía cuentas y pensaba que ese podría ser yo, pero
las cosas no son siempre como uno las sueña, después de retirarme no he vuelto
a ver la transmisión de Kona, no podía, era triste, pensaba que la única forma
de verlo, sería en vivo, acompañando a alguno de mis pupilos, pero la vida y la
pandemia me dieron otra oportunidad, quizás no como lo soñé, corriendo como
profesional.
Cuando
aterrice en la isla grande junto a mi familia, no se si sea capaz de contener
las lágrimas.
¡Aloha!