Me lo dijeron y me lo repitieron, y en el fondo yo lo sabía: Vas a sufrir!
Si lo sabía, pero no sabía cuánto, ni de qué forma, así que con el pasaje pagado hace meses y teniendo homestay decidí competir, como dicen, bajo mi propio riesgo.
Un evento de larga distancia con sus 226 kilómetros no es algo para tomar a la ligera y es lo primero que les digo a mis atletas cuando quieren entrenar para uno. Les pregunto el por qué?, el tiempo que disponen, como están sus relaciones personales, trabajo, familia y su historial deportivo.
Esas mismas preguntas me las formulé:
¿Por qué hacer Ironman Wisconsin después de tan solo 8 semanas de fracturarme una costilla? Porque me encontraba desmotivado de la mala suerte en las ultimas competencias, una injusta descalificación en Atlantic City Full Challenge y la, ya tan repetida, caída en el medio de San Gil. Desmotivado porque finalmente volvía a estar en el nivel de finales de 2012 y principios de 2013, después de un año difícil en términos de cambios en el entrenamiento y estilo de vida, y tenía que comenzar de nuevo a recuperar mi nivel.
¿Con cuánto tiempo cuento?. Dispongo de él, aunque ahora trabajo en las tardes, he podido alcanzar un balance entre trabajo, descanso y entrenamiento. Pero no contaba que la lesión durara tanto en curar y no me permitiera hacer casi ningún entrenamiento intenso a menos que fuera subida en la bicicleta, por suerte estaba en Colombia.
Y ¿mis relaciones familiares y sociales? Mis relaciones sociales y familiares marchan perfectamente y el ver a mi familia por unas cuantas semanas me fortaleció.
Finalmente ¿mi historial deportivo? Más de 20 años en el triatlón y la natación y este sería mi Ironman número 13.
La carrera estaba pensada como un entrenamiento, una de las partes más duras de saltar al agua y esperar el cañonazo de salida, es saber que no se está al 100%, así que debí repetirme una y otra vez, antes, durante y hasta ahora “Es un largo día de entrenamiento” y así lo fue: 10 horas y 4 minutos, el tiempo más lento hasta ahora en esta distancia.
Para no alargarme, la carrera transcurrió así: una natación excelente, salí segundo del agua, después de aprovechar el trabajo de Brandon Marsh, pues sabía que no ganaba nada saliendo adelante o tratando de escaparme, debía conservar energías. Salimos con 5 minutos de ventaja del tercero, que perdí rápidamente en el ciclismo, el cual hice a mi paso, sin preocuparme por los demás.
Hasta ahí, todo bajo control.
Al salir a correr, esperaba estar más fresco, pero los 1850 m. de desnivel, me pasaban factura. La zancada era lenta y las piernas pesaban, de nuevo, trate de relajarme y correr a mi ritmo. Hasta que en el kilómetro 12, perdí mi concentración, comencé a pensar en todo lo que me faltaba, en la gente que me pasaba, en el calor, en el cansancio….Y hasta allí llego el entrenamiento. Comencé a caminar, y para quien haya realizado un Ironman sabe lo que eso significa, volver a correr es casi imposible.
Por 16 km. intercale corrida y trote muy suave. Pero era tanto el cansancio y el desespero de querer llegar a la meta que volví a correr. No quería decepcionar a la familia que me hospedo, acogió y me había apoyo durante todo el día, con un retiro. Así que hice de tripas corazón y terminé.
Creo que esa decisión de terminar me hizo más fuerte y me enseño que a menos que esté al 100% no vale la pena hacer por hacer un Ironman. Este se debe entrenar, preparar al detalle y disfrutar en la medida de lo posible. Sufrir estando preparado hasta sabe bueno, pero así es muy maluco.
Al pasar por la meta, me quede un buen rato sentado en la zona de recuperación, observando a los demás participantes, que iban desde sonrisas hasta llanto, pero todos compartían la satisfacción de terminar y en sus rostros se reflejaba la pasión de hacer lo que les gusta. Me sentía fuera de lugar, no sentía ni satisfacción ni emoción alguna, o de pronto, si, algo de pena y tristeza porque de a pocos he perdido esa pasión por el deporte que he amado desde niño. No sé qué será, pero viene pasando desde hace un largo tiempo y creo que hasta que no lo descubra, los resultados no volverán. Porque sé que aún lo amo, pero tengo que revivir ese amor que hace que me levante todos los días a dar lo mejor.
Iniciando mi carrera deportiva como nadador, la curiosidad de mi papá me llevó a iniciarme en este deporte, triatlones cortos y de distancia olímpica, sin embargo nuevamente la curiosidad me llevó a probar suerte en, lo que es hoy mi vida, la larga distancia, permitiéndome obtener destacados resultados y una carrera como atleta profesional. Adicionalmente soy Entrenador, guiando a otros en el proceso de convertirse en mejores atletas.
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miércoles, 5 de agosto de 2015
lunes, 22 de julio de 2013
UN CAMPAMENTO ESPERADO QUE NO SALIÓ COMO ESPERABA
Después del Ironman de Texas, el pasado mes de Mayo, lo único que quería era alejarme del calor ó al menos encontrar un lugar un poco menos cálido y húmedo, afortunadamente ya se aproximaba el campamento de verano del Team TBB en Estados Unidos y volvería entrenar con el equipo, que había partido de Cozumel a finales de abril.
Aquí un primer paréntesis para que quienes no saben mi historia completa, no se pierdan en esta historia: Antes de incorporarme al Team TBB entrenaba en Colombia la mayoría del tiempo a mi ritmo y en solitario, exceptuando la natación y una que otra sesión de ciclismo los fines de semana, donde compartía tiempo y entrenamiento con mi equipo 226. Y debo decir que durante toda mi carrera deportiva no he tenido problema con esto y, afortunadamente, no dependo de un Ipod o de la compañía de un amigo para hacer el entrenamiento, definitivamente esto no me aburre sino que, todo lo contrario, lo disfruto.
Sin embargo esta situación cambió, radicalmente, en junio del año pasado cuando estuve en Suiza, y me acostumbré a entrenar todo el verano con el grupo, con quienes luego nos trasladamos a Cozumel y sólo durante unas pocas semanas entrene por mi cuenta hasta finales de abril de este año. Y, finalmente, como el hábito hace al monje, una vez todo el equipo retornó a sus lugares de origen ó a otros lugares para competir, a mí se me hizo difícil volver a saltar a la piscina y seguir la línea negra, montarme a la bici y batallar contra el viento sin el abrigo de otra rueda, ó correr por los mismos sitios sin escuchar los pasos de mis compañeros.
Me encontraba expectante de encontrarme con algunos compañeros en Tennessee, no todos pues la mayoría irían al campamento en Suiza, recorrer nuevas rutas y descubrir nuevos caminos. Al final de cuentas sólo encontré lo segundo, pues muchos cancelaron ó cambiaron los planes y llegaron a Tennessee dos semanas después de haber llegado al lugar del campamento, por lo que debí mantener mi entrenamiento en solitario, siguiendo las órdenes de mi entrenador, Brett Sutton, quien había concluido que lo mejor para mí era entrenar a mi propio paso.
Pero, ¿por qué a mi propio paso? Porque desde enero no he dejado de competir en cada sesión, creyendo como muchos que MÁS ES MEJOR, sin embargo el Ironman es cuestión de balance y yo lo había perdido hace mucho. De tanto batallar en cada sesión y al no darle la importancia a las sesiones suaves, mi cuerpo estaba tan cansado que no sacaba ningún provecho del entrenamiento y eso se vio reflejado en las carreras que siguieron después del Ironman de Los Cabos.
Bueno, pero para no seguir alejándome del tema del campamento. Brett decidió que en cualquier parte del mundo donde estuviera, entrenaría a mi propio paso y tendría como objetivo mejorar mi carrera a pie. Para eso me programó una semana con más de 40 horas de entrenamiento, que incluía una sesión de 4 horas de atletismo todas las semanas, entre otros retos, y esta semana se repetiría una y otra vez hasta el siguiente campamento en Cozumel en Septiembre.
Comencé con ánimo, creo que demasiado y, ahora que no tenía con quien medirme, comencé a hacerlo conmigo mismo y por ir demasiado fuerte en las subidas, por no darle tiempo a mi cuerpo de adaptarse al nuevo terreno y al nuevo plan, tan sólo dos semana de haber comenzado con este entrenamiento recaí en una lesión del isquiotibial. El Ironman es un deporte de resistencia y paciencia, no solo en la competencia, sino también en el entrenamiento y esta lección la estaba aprendiendo de la manera más fuerte y clara.
La solución para la lesión: una semana de descanso de carrera a pie, bastante ciclismo a baja intensidad y natación intensa. Esa semana se tornó en un intercambio de innumerables correos con Brett, sobre el entrenamiento y mi vida, y la conclusión fue clara: si seguía entrenando de la forma como venía haciéndolo no alcanzaría las metas que tengo en mente, mi único chance para sobresalir en el Ironman es correr en menos de dos horas cincuenta después de montar con el grupo de punta, porque el Ironman ha evolucionado tanto en los dos últimos años que quien no corra, tal y como sucede con el triatlón de distancia olímpica, ni siquiera tendrá chance de estar en el top 10. Con esto dicho vino la dura realidad: dejar de lado la natación y el ciclismo por un tiempo indeterminado y enfocarme en correr una maratón por debajo de un tiempo (esa es la historia del siguiente blog, así que no me adelantaré) y para lograr esto no necesitaba estar en USA, ni sacrificar tiempo alejado de mi esposa y, tampoco, competir los Ironman que tenía planeados.
A la semana siguiente, el 23 de junio, Brett me envió el nuevo plan y me dijo que debía estar en Cozumel a más tardar el 1 de julio. Así que aquí estoy, en mi cuarta semana del nuevo plan, entrenando solo, disfrutando de la familia y de esta maravillosa isla, colaborando y viendo crecer el proyecto social del Team TBB, y dejando atrás un campamento del que esperaba otros resultados, pero que al final me colocó en la única dirección que me llevará a los resultados que busco.
Y finalmente he aprendido que todo sucede por una razón, en esta oportunidad el regresar a la isla y trabajar con los niños del proyecto social del teamTBB y del Gobierno de Quintana Roo me ha servido para llenarme de motivos para seguir luchando por mis sueños, la verdad es que ver a los niños diariamente entrenando en las instalaciones del municipio de Cozumel y ver como cada día más y más niños se interesan por cuidar sus cuerpos y sus mentes y además por mejorar en este deporte me ha dejado ver que CUANDO SE QUIERE SE PUEDE, así que sea esta la oportunidad para agradecer de corazón al Gobernador Roberto Borge por su apoyo incondicional para nosotros los atletas profesionales, pero principalmente por la oportunidad que le está brindando a los niños de esta isla de aprender y crecer en un deporte tan duro como el triatlón, que de seguro sin esta iniciativa no tendrían manera de hacerlo.
Por ahora me despido pero sinceramente les agradezco mucho por el tiempo que se toman leyendo mis blogs, sé que a muchos les han gustado mis historias y las esperan cada vez que hay una competencia, esta vez no hubo competencia pero si muchas reflexiones y como por ahora no habrá Ironman y aprovechando que este nuevo plan de entrenamiento me deja algo más de tiempo escríbanme si quieren saber de algo en especial o si quieren que escriba sobre algún tema específico que con mucho gusto lo haré.
Así mismo mil gracias a quienes nos siguen apoyando como equipo: 3T, Cervélo, ON, Ignite Natural, Cobb, Rotor y no sobra nuevamente expresar mi agradecimiento al Gobierno del Estado de Quintana Roo, además gracias a Dolphin Discovery, Aquasphere y a la Fundación Tres Hermanos quienes se han unido a esta causa de brindar herramientas de vida a los niños de esta isla y a cada una de las personas que ha hecho parte de este camino que me tiene hoy en este lugar.
Un abrazo,
Andrés Castillo
www.andres-castillo.com
Aquí un primer paréntesis para que quienes no saben mi historia completa, no se pierdan en esta historia: Antes de incorporarme al Team TBB entrenaba en Colombia la mayoría del tiempo a mi ritmo y en solitario, exceptuando la natación y una que otra sesión de ciclismo los fines de semana, donde compartía tiempo y entrenamiento con mi equipo 226. Y debo decir que durante toda mi carrera deportiva no he tenido problema con esto y, afortunadamente, no dependo de un Ipod o de la compañía de un amigo para hacer el entrenamiento, definitivamente esto no me aburre sino que, todo lo contrario, lo disfruto.
Sin embargo esta situación cambió, radicalmente, en junio del año pasado cuando estuve en Suiza, y me acostumbré a entrenar todo el verano con el grupo, con quienes luego nos trasladamos a Cozumel y sólo durante unas pocas semanas entrene por mi cuenta hasta finales de abril de este año. Y, finalmente, como el hábito hace al monje, una vez todo el equipo retornó a sus lugares de origen ó a otros lugares para competir, a mí se me hizo difícil volver a saltar a la piscina y seguir la línea negra, montarme a la bici y batallar contra el viento sin el abrigo de otra rueda, ó correr por los mismos sitios sin escuchar los pasos de mis compañeros.
Me encontraba expectante de encontrarme con algunos compañeros en Tennessee, no todos pues la mayoría irían al campamento en Suiza, recorrer nuevas rutas y descubrir nuevos caminos. Al final de cuentas sólo encontré lo segundo, pues muchos cancelaron ó cambiaron los planes y llegaron a Tennessee dos semanas después de haber llegado al lugar del campamento, por lo que debí mantener mi entrenamiento en solitario, siguiendo las órdenes de mi entrenador, Brett Sutton, quien había concluido que lo mejor para mí era entrenar a mi propio paso.
Pero, ¿por qué a mi propio paso? Porque desde enero no he dejado de competir en cada sesión, creyendo como muchos que MÁS ES MEJOR, sin embargo el Ironman es cuestión de balance y yo lo había perdido hace mucho. De tanto batallar en cada sesión y al no darle la importancia a las sesiones suaves, mi cuerpo estaba tan cansado que no sacaba ningún provecho del entrenamiento y eso se vio reflejado en las carreras que siguieron después del Ironman de Los Cabos.
Bueno, pero para no seguir alejándome del tema del campamento. Brett decidió que en cualquier parte del mundo donde estuviera, entrenaría a mi propio paso y tendría como objetivo mejorar mi carrera a pie. Para eso me programó una semana con más de 40 horas de entrenamiento, que incluía una sesión de 4 horas de atletismo todas las semanas, entre otros retos, y esta semana se repetiría una y otra vez hasta el siguiente campamento en Cozumel en Septiembre.
Comencé con ánimo, creo que demasiado y, ahora que no tenía con quien medirme, comencé a hacerlo conmigo mismo y por ir demasiado fuerte en las subidas, por no darle tiempo a mi cuerpo de adaptarse al nuevo terreno y al nuevo plan, tan sólo dos semana de haber comenzado con este entrenamiento recaí en una lesión del isquiotibial. El Ironman es un deporte de resistencia y paciencia, no solo en la competencia, sino también en el entrenamiento y esta lección la estaba aprendiendo de la manera más fuerte y clara.
La solución para la lesión: una semana de descanso de carrera a pie, bastante ciclismo a baja intensidad y natación intensa. Esa semana se tornó en un intercambio de innumerables correos con Brett, sobre el entrenamiento y mi vida, y la conclusión fue clara: si seguía entrenando de la forma como venía haciéndolo no alcanzaría las metas que tengo en mente, mi único chance para sobresalir en el Ironman es correr en menos de dos horas cincuenta después de montar con el grupo de punta, porque el Ironman ha evolucionado tanto en los dos últimos años que quien no corra, tal y como sucede con el triatlón de distancia olímpica, ni siquiera tendrá chance de estar en el top 10. Con esto dicho vino la dura realidad: dejar de lado la natación y el ciclismo por un tiempo indeterminado y enfocarme en correr una maratón por debajo de un tiempo (esa es la historia del siguiente blog, así que no me adelantaré) y para lograr esto no necesitaba estar en USA, ni sacrificar tiempo alejado de mi esposa y, tampoco, competir los Ironman que tenía planeados.
A la semana siguiente, el 23 de junio, Brett me envió el nuevo plan y me dijo que debía estar en Cozumel a más tardar el 1 de julio. Así que aquí estoy, en mi cuarta semana del nuevo plan, entrenando solo, disfrutando de la familia y de esta maravillosa isla, colaborando y viendo crecer el proyecto social del Team TBB, y dejando atrás un campamento del que esperaba otros resultados, pero que al final me colocó en la única dirección que me llevará a los resultados que busco.
Y finalmente he aprendido que todo sucede por una razón, en esta oportunidad el regresar a la isla y trabajar con los niños del proyecto social del teamTBB y del Gobierno de Quintana Roo me ha servido para llenarme de motivos para seguir luchando por mis sueños, la verdad es que ver a los niños diariamente entrenando en las instalaciones del municipio de Cozumel y ver como cada día más y más niños se interesan por cuidar sus cuerpos y sus mentes y además por mejorar en este deporte me ha dejado ver que CUANDO SE QUIERE SE PUEDE, así que sea esta la oportunidad para agradecer de corazón al Gobernador Roberto Borge por su apoyo incondicional para nosotros los atletas profesionales, pero principalmente por la oportunidad que le está brindando a los niños de esta isla de aprender y crecer en un deporte tan duro como el triatlón, que de seguro sin esta iniciativa no tendrían manera de hacerlo.
Por ahora me despido pero sinceramente les agradezco mucho por el tiempo que se toman leyendo mis blogs, sé que a muchos les han gustado mis historias y las esperan cada vez que hay una competencia, esta vez no hubo competencia pero si muchas reflexiones y como por ahora no habrá Ironman y aprovechando que este nuevo plan de entrenamiento me deja algo más de tiempo escríbanme si quieren saber de algo en especial o si quieren que escriba sobre algún tema específico que con mucho gusto lo haré.
Así mismo mil gracias a quienes nos siguen apoyando como equipo: 3T, Cervélo, ON, Ignite Natural, Cobb, Rotor y no sobra nuevamente expresar mi agradecimiento al Gobierno del Estado de Quintana Roo, además gracias a Dolphin Discovery, Aquasphere y a la Fundación Tres Hermanos quienes se han unido a esta causa de brindar herramientas de vida a los niños de esta isla y a cada una de las personas que ha hecho parte de este camino que me tiene hoy en este lugar.
Un abrazo,
Andrés Castillo
www.andres-castillo.com
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